F-35 para Chile: el salto a la quinta generación que exige pensar en disuasión

El posible salto de la FACh a la quinta generación abre un debate sobre disuasión, costos y el futuro de la defensa aérea.

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La pregunta dejó de ser completamente hipotética. El Ministerio de Defensa de Chile confirmó el 24 de septiembre el inicio oficial del proceso para reemplazar los F-5 de la Fuerza Aérea de Chile, aeronaves que cumplen medio siglo de servicio. Apenas semanas antes, el general Milton Zablah, director de Planificación y Doctrina de la FACh, había confirmado que el F-35 está entre las alternativas que la institución estudia.

Eso no significa que Chile haya decidido comprar el avión estadounidense. Tampoco existe públicamente una selección oficial del F-35A ni un contrato conocido. Pero sí significa algo importante: por primera vez la discusión dejó de ser únicamente una especulación de analistas y pasó a formar parte explícita del debate sobre el futuro de la aviación de combate chilena.

Y aquí aparece el verdadero problema: Chile podría comprar F-35A, pero la pregunta relevante es cuánto tendría que pagar el país para convertirse en operador de quinta generación y si ese costo es sostenible durante varias décadas.

El punto de partida: Chile no está reemplazando toda su Fuerza Aérea

Conviene aclarar algo que muchas veces se pierde en la discusión.

La FACh no está buscando reemplazar sus F-16. El proceso iniciado por Defensa está dirigido al reemplazo de los F-5 Tigre III, que llegaron a Chile en 1976 y actualmente operan desde Punta Arenas.

Los F-16 continúan siendo el principal sistema de combate de la institución. La propia FACh mantiene operativos los F-16 Block 50 y los F-16 MLU, mientras los F-5 continúan cumpliendo funciones desde la IV Brigada Aérea.

Además, el Ministerio de Defensa informó que está en ejecución un programa de modernización de la flota F-16 destinado a mantener sus capacidades hasta aproximadamente 2040.

Esto cambia completamente el análisis.

Chile no necesariamente tendría que comprar 40 o 50 cazas nuevos. Una alternativa razonable sería utilizar la renovación de los F-5 para introducir una nueva capacidad y mantener los F-16 durante buena parte de la próxima década.

En otras palabras, el debate no es simplemente F-16 versus F-35. Podría ser una arquitectura mixta: F-16 modernizados más un número relativamente reducido de aeronaves de quinta generación.

¿Cuántos F-35A necesitaría Chile?

Aquí comienza la parte especulativa, porque la FACh no ha publicado una cifra.

Durante junio apareció una pista que generó enorme interés: Estados Unidos adjudicó un contrato inicial de US$153,9 millones para materiales y componentes destinados a la producción de 11 F-35 para un cliente extranjero no identificado. Medios chilenos plantearon la posibilidad de que ese cliente fuera Chile, aunque el Gobierno no lo confirmó.

Por lo tanto, 11 aviones deben tratarse como una hipótesis periodística, no como una compra confirmada.

¿Por qué 11 tendría cierta lógica? Porque una fuerza de ese tamaño podría permitir iniciar la transición hacia quinta generación sin intentar sustituir inmediatamente toda la estructura de combate chilena.

Pero también sería una flota pequeña.

Un número de ese orden obliga a pensar en disponibilidad, mantenimiento, entrenamiento, aviones en inspección y pilotos en formación. Comprar 11 aviones no significa tener 11 disponibles permanentemente para una operación.

El primer número que impresiona: más de US$1.100 millones solo en avión y motor

El propio Centro de Estudios Estratégicos y Aeroespaciales de la FACh publicó en abril de 2026 un boletín dedicado al F-35.

Según ese documento, el costo promedio del F-35A de los lotes de producción considerados era de aproximadamente US$82,5 millones por avión, sin incluir el motor. El mismo documento señala un costo de alrededor de US$20,4 millones para un motor F135 en 2025.

Eso permite construir una referencia sencilla.

US$82,5 millones + US$20,4 millones = US$102,9 millones por aeronave, antes de incorporar entrenamiento, repuestos, armamento, infraestructura, simuladores, sistemas de apoyo y otros elementos.

Para 11 aeronaves:

11 × US$102,9 millones = aproximadamente US$1.132 millones.

Gráfico: costo básico estimado de 11 F-35A

F-35A sin motor       US$907,5 millones  ██████████████████
Motores F135          US$224,4 millones  ████
                                          
TOTAL BÁSICO          US$1.131,9 millones

Este gráfico no representa el precio de una eventual venta a Chile. Es simplemente una suma matemática basada en los costos unitarios publicados por la FACh.

Y aquí está el punto central de esta columna: el precio del avión no es el precio del sistema de armas.

El verdadero costo está alrededor del avión

Una compra de cazas modernos incluye mucho más que las aeronaves.

El caso peruano resulta especialmente ilustrativo.

Estados Unidos autorizó en 2025 una posible venta a Perú de 12 F-16 Block 70, con armamento, radares AESA, motores, sistemas de guerra electrónica, entrenamiento, simuladores, repuestos, infraestructura y apoyo logístico, por un valor estimado de US$3.420 millones.

Posteriormente, Lockheed Martin confirmó que Perú seleccionó 12 F-16 Block 70.

El resultado es revelador:

Perú: 12 F-16 Block 70
Paquete estimado: US$3.420 millones

US$3.420 millones
████████████████████████████████████

No significa que cada F-16 cueste US$285 millones.
Significa que el paquete completo incorpora mucho más que el avión.

Ese mismo principio debe aplicarse al F-35.

Por eso, una eventual adquisición chilena de 11 F-35A podría terminar costando varios miles de millones de dólares, dependiendo de las armas, infraestructura, entrenamiento, soporte logístico, simuladores, repuestos y duración del contrato.

Las cifras de US$2.000 a US$3.000 millones que han circulado en medios pueden utilizarse como rango orientativo para dimensionar el problema, pero no deben presentarse como el precio oficial de una compra chilena que todavía no existe públicamente.

El problema que casi nunca aparece en los titulares: mantenerlos

El F-35 tiene otra característica que Chile tendría que considerar cuidadosamente: su costo de operación.

La Government Accountability Office (GAO) de Estados Unidos informó en 2026 que el programa F-35 sigue enfrentando dificultades para alcanzar sus objetivos de asequibilidad.

Para el F-35A, el Joint Program Office estimó para 2025 un costo de sostenimiento de aproximadamente US$7,4 millones por avión al año, expresado en dólares constantes de 2012. La cifra corresponde a una estimación estadounidense para el periodo de operación plena, no a una proyección específica para Chile.

Si se aplicara únicamente como ejercicio matemático a 11 aviones:

11 × US$7,4 millones = US$81,4 millones anuales.

Costo anual estimado de sostenimiento

11 F-35A
████████████████████████████████
≈ US$81,4 millones/año

Importante:
es una referencia estadounidense,
no el costo que necesariamente tendría Chile.

El número es suficientemente grande como para explicar por qué la discusión sobre el F-35 no puede reducirse al precio de compra.

El presupuesto de la FACh muestra la dimensión del desafío

El presupuesto anual de la FACH alcanza los $283.409 millones, según los antecedentes de la Biblioteca del Congreso Nacional (BCN), correspondientes a la Partida 11, Capítulo 09, Programa 01. BCN – Presupuesto de la Fuerza Aérea de Chile

Pero hay que tener cuidado con esta comparación.

Ese presupuesto financia la institución completa: personal, bienes y servicios, operaciones, infraestructura y otras obligaciones. No es una bolsa destinada exclusivamente a comprar aviones.

De hecho, solo los gastos de personal considerados en la partida alcanzan aproximadamente $252.005 millones, mientras los bienes y servicios de consumo representan $28.763 millones más US$42,202 millones.

Por eso sería incorrecto afirmar que Chile podría simplemente tomar el presupuesto anual de la FACh y pagar con él los F-35.

Las adquisiciones estratégicas tienen mecanismos de financiamiento diferentes y, además, pueden ejecutarse durante varios años.

La comparación sirve para otra cosa: mostrar que un programa F-35 sería una decisión financiera de largo plazo y no una compra ordinaria dentro del presupuesto operacional anual.

Entonces, ¿qué alternativas tiene Chile?

Aquí está, a mi juicio, la parte más interesante del debate.

La primera alternativa es comprar más F-16.

Tiene una ventaja evidente: Chile ya opera el modelo, dispone de infraestructura, personal entrenado, sistemas de armas, mantenimiento y experiencia operacional. El nuevo F-16 Block 70 representa además una evolución considerable respecto de los F-16 MLU que posee actualmente la FACh.

Perú acaba de seleccionar precisamente esta variante, con un paquete de 12 aeronaves estimado en US$3.420 millones.

La segunda posibilidad sería un avión europeo, como el Gripen E/F o el Rafale.

El problema no es solamente el avión. Significaría introducir una nueva cadena logística, entrenamiento, armamento, mantenimiento y soporte. Chile tendría que decidir si quiere diversificar proveedores o mantener la arquitectura estadounidense que ha construido durante décadas.

La tercera alternativa es la más ambiciosa: F-35A.

Y aquí Chile tiene una ventaja que otros países de la región no necesariamente poseen: la FACh ya tiene una relación operacional muy profunda con sistemas estadounidenses.

En abril de 2026, por ejemplo, un KC-135E chileno realizó reabastecimiento en vuelo a F-35A estadounidenses durante el traslado de las aeronaves hacia Chile para FIDAE. La operación involucró el traspaso de aproximadamente 41.000 libras de combustible.

No significa que Chile esté preparado automáticamente para operar F-35, pero sí demuestra un nivel de interoperabilidad relevante.

La región también está cambiando

La decisión chilena tampoco ocurre en el vacío.

Argentina adquirió 24 F-16 daneses, después de que ambos gobiernos firmaran el acuerdo correspondiente.

Perú, por su parte, seleccionó 12 F-16 Block 70 nuevos.

Y durante el ejercicio Salitre 2026, la FACh entrenó junto a aeronaves F-16 de Estados Unidos, F-16 argentinos y F-39 Gripen, entre otros medios. El ejercicio incorporó además componentes espaciales y cibernéticos.

Esto es importante porque el futuro poder aéreo sudamericano no estará definido únicamente por quién posee el caza más moderno.

También importarán los radares, guerra electrónica, inteligencia, enlaces de datos, reabastecimiento en vuelo, satélites, drones, armas de largo alcance, mando y control y capacidad de mantenimiento.

El F-35 no sería simplemente “otro avión”

Esta es probablemente la razón más fuerte para considerar la alternativa.

El F-35 no fue diseñado únicamente como un caza rápido y maniobrable. Su principal diferencia está en la combinación de baja observabilidad, sensores, fusión de información, guerra electrónica y capacidad de compartir información con otras plataformas.

La propia FACh describe al F-35 como una aeronave capaz de realizar misiones de superioridad aérea y ataque, además de funciones relacionadas con guerra electrónica, inteligencia, vigilancia y reconocimiento.

Por eso, adquirir F-35 implicaría mucho más que cambiar un F-5 por un avión nuevo.

Chile tendría que invertir en infraestructura especializada, mantenimiento de baja observabilidad, entrenamiento, simulación, redes, seguridad informática, armamento y soporte logístico.

En otras palabras, Chile no compraría solamente 11 aviones: compraría una nueva arquitectura de combate.

¿Y qué pasa con Magallanes?

Este punto me parece especialmente importante.

Los F-5 llevan décadas vinculados a la defensa aérea de Punta Arenas y Magallanes. Actualmente la FACh puede desplegar F-16 desde el norte hacia el extremo austral, algo que volvió a ocurrir en septiembre de 2026, cuando F-16 Block 50 fueron enviados a Punta Arenas para entrenamiento.

Esto demuestra que Chile tiene una alternativa operacional: no necesariamente necesita mantener exactamente el mismo modelo de avión en cada región.

Pero también evidencia el desafío geográfico.

Chile posee un territorio extremadamente largo, con distancias enormes entre sus principales bases aéreas. Una futura flota de combate necesita no solo buenos cazas, sino alcance, reabastecimiento, infraestructura y capacidad de despliegue rápido.

En ese escenario, el F-35 podría aportar capacidades tecnológicas extraordinarias, pero su número tendría que ser suficiente para que la inversión tenga sentido operacional.

Chile debería mirar el F-35, pero no confundir deseo tecnológico con política de defensa

Aquí es donde esta nota pasa deliberadamente de la información a la opinión.

Considero razonable que Chile estudie seriamente el F-35A. La propia FACh ya lo reconoce como una alternativa y el Gobierno acaba de iniciar formalmente el reemplazo de los F-5. Ignorar una plataforma de quinta generación simplemente porque es cara tampoco sería una buena forma de planificar una fuerza aérea para las próximas décadas.

Pero también considero un error pensar que la respuesta está automáticamente en comprar F-35.

Chile tiene una flota de F-16 que está siendo modernizada y que seguirá constituyendo una parte fundamental de su poder aéreo durante muchos años.

Por eso, la discusión que considero más sensata no es:

“¿F-35 sí o F-35 no?”

La discusión debería ser:

“¿Qué combinación de aviones, sensores, armas, infraestructura, inteligencia y presupuesto permitirá a Chile mantener una capacidad aérea creíble durante los próximos 30 años?”

Y esa pregunta es mucho más difícil.

Un escenario posible para Chile

Si se quisiera construir un escenario hipotético, una arquitectura futura podría mantener los F-16 modernizados como columna vertebral y utilizar una fuerza más pequeña de F-35A para las misiones donde las capacidades de quinta generación aporten una diferencia significativa.

No estoy afirmando que ese sea el plan de la FACh. No lo es públicamente.

Pero desde una perspectiva de planificación, permitiría evitar el escenario extremadamente costoso de reemplazar de golpe toda la flota de combate.

También permitiría que Chile adquiriera experiencia progresivamente en quinta generación mientras mantiene una plataforma conocida y relativamente extendida internacionalmente.

Escenario hipotético de transición

                 2026
                  │
          F-16 + F-5 Tigre III
                  │
                  ▼
             2030-2035
                  │
        Reemplazo progresivo F-5
                  │
        ┌─────────┴─────────┐
        ▼                   ▼
   F-16 modernizados     F-35A
   columna vertebral    nueva capacidad
        │                   │
        └─────────┬─────────┘
                  ▼
             2040+
       Fuerza aérea mixta
     4ª/4,5ª + 5ª generación

La ventaja sería que Chile no tendría que abandonar de inmediato todo lo que ya construyó alrededor del F-16.

El gran límite: dinero

La tecnología puede estar disponible.

La cuestión es si Chile está dispuesto a financiarla durante 30 o 40 años.

El programa F-35 estadounidense tiene costos de sostenimiento enormes. La GAO advirtió en 2026 que las estimaciones de costos anuales del programa habían vuelto a superar los objetivos de asequibilidad de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Para el F-35A, la estimación de sostenimiento alcanzaba US$7,4 millones por aeronave al año en régimen estable.

Eso debería ser una advertencia para cualquier país pequeño o mediano.

Comprar un F-35 puede ser relativamente sencillo comparado con mantener una flota de F-35 durante 30 años.

Y aquí Chile tiene que ser extremadamente cuidadoso: una flota pequeña pero demasiado cara de mantener podría terminar generando menos disponibilidad operacional de la que se esperaba.

El F-35 ya está aterrizando en la conversación chilena

Hay, sin embargo, una señal que no debería ignorarse.

En abril, los F-35A estadounidenses llegaron a Chile para FIDAE 2026. La FACh no solamente los exhibió: un KC-135 chileno realizó una operación real de reabastecimiento con ellos.

Meses después, un alto oficial de la institución confirmó públicamente que el F-35 está siendo considerado para reemplazar al F-5.

Y el 24 de septiembre el Ministerio de Defensa anunció oficialmente que comenzó el proceso de reemplazo de los F-5.

Tres hechos diferentes, pero que apuntan hacia la misma conclusión: el debate sobre la quinta generación llegó a Chile para quedarse.

Eso no significa que el F-35A vaya a terminar en la FACh.

Significa que ahora corresponde comparar seriamente las alternativas.

¿Cuánto podría costar cada alternativa para Chile?

Comparar los precios de los cazas es particularmente útil para entender la magnitud de la decisión que enfrentará la Fuerza Aérea de Chile (FACh). Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre el precio unitario de una aeronave y el costo de un programa completo.

El caso del F-35A permite ilustrarlo.

La FACh publicó en 2026 un análisis sobre el programa F-35 en el que situó el costo promedio del F-35A en US$82,5 millones, sin incluir el motor. Para el F135, el mismo documento señala un costo de aproximadamente US$20,4 millones en 2025.

Tomando esos valores como referencia, 11 aeronaves representarían:

11 F-35A: US$907,5 millones

11 motores F135: US$224,4 millones

Total avión + motor: aproximadamente US$1.132 millones.

ESTIMACIÓN BÁSICA — 11 F-35A

Aviones          US$907,5 millones
██████████████████████████████

Motores          US$224,4 millones
███████

TOTAL            US$1.131,9 millones

Pero esta cifra no debe confundirse con el costo de adquisición de un programa chileno.

Un eventual contrato incluiría probablemente entrenamiento, simuladores, repuestos, armamento, equipos de mantenimiento, infraestructura, software, soporte logístico y otros elementos. Por eso, el valor final podría ser considerablemente superior.

¿Y qué hay de los 11 F-35 que Estados Unidos está preparando?

Este es uno de los elementos que más alimentó las especulaciones sobre una posible compra chilena.

En junio de 2026, Estados Unidos adjudicó a Lockheed Martin una modificación contractual por US$153,9 millones para adquirir materiales de largo plazo destinados a la producción de 11 F-35 para un cliente extranjero bajo el programa Foreign Military Sales. El contrato tiene trabajos previstos hasta diciembre de 2030.

El comprador no fue identificado públicamente. Chile apareció entre los posibles usuarios mencionados por medios especializados, pero el Ministerio de Defensa no confirmó que Chile sea el cliente.

Por eso, la información puede resumirse de esta manera:

11 F-35A
│
├── Contrato de materiales: US$153,9 millones
│   └── NO es el precio de los 11 aviones
│
└── Estimación avión + motor:
    ≈ US$1.132 millones
    └── No incluye paquete completo de adquisición

La diferencia es importante. US$153,9 millones es una contratación de componentes, mientras que los aproximadamente US$1.132 millones son una estimación matemática de aeronaves y motores utilizando los valores publicados por la FACh.

El eventual precio para Chile solo podría conocerse mediante una oferta formal.

F-16 Block 70: el precedente más cercano en Sudamérica

Una comparación mucho más concreta para Chile es el F-16 Block 70.

En septiembre de 2025, Estados Unidos autorizó una posible venta a Perú de 12 F-16 Block 70 por un valor estimado de US$3.420 millones. El paquete contempla 10 F-16C y dos F-16D, motores adicionales, radares AESA, misiles AIM-120C-8 y AIM-9X, sistemas de guerra electrónica, equipos de entrenamiento, simuladores, repuestos, infraestructura y apoyo logístico, entre otros elementos.

Eso equivale, simplemente como división matemática, a unos US$285 millones por aeronave dentro del paquete, pero esa cifra no significa que cada F-16 cueste US$285 millones.

El ejemplo sirve para mostrar cuánto puede aumentar el precio cuando se incorporan todos los elementos necesarios para poner una nueva flota en servicio.

PERÚ — 12 F-16 BLOCK 70

Paquete completo
US$3.420 millones

████████████████████████████████████████

Aviones
Motores
Armamento
Radar AESA
Guerra electrónica
Entrenamiento
Simuladores
Repuestos
Infraestructura
Soporte logístico

Para Chile existe además una ventaja evidente: la FACh ya opera F-16, por lo que una eventual incorporación de F-16 Block 70 no partiría desde cero en materia de infraestructura, entrenamiento y experiencia operacional.

Gripen E/F: Colombia entrega una referencia mucho más reciente

El Gripen E/F también ofrece un punto de comparación interesante.

En noviembre de 2025, Saab firmó con Colombia un contrato por 17 Gripen E/F por €3.100 millones. El acuerdo contempla 15 Gripen E y dos Gripen F, además de equipamiento, armas, entrenamiento y servicios. También incluye acuerdos de cooperación industrial.

La cifra es especialmente relevante para Chile porque se trata de una adquisición latinoamericana reciente y de una aeronave que, al igual que el F-16 y el Rafale, se encuentra en la lista de alternativas que habitualmente se mencionan en el mercado internacional.

COLOMBIA — 17 GRIPEN E/F

€3.100 millones
████████████████████████████████████

Incluye:
17 aeronaves
armamento
equipamiento
entrenamiento
servicios
cooperación industrial

Dividido de manera puramente matemática, el contrato equivale a aproximadamente €182 millones por aeronave, pero nuevamente esa cifra no corresponde al precio individual del avión, porque el contrato incluye numerosos componentes adicionales.

El precedente brasileño muestra otra dimensión del Gripen

Brasil firmó en 2014 un contrato con Saab para 36 Gripen NG, por aproximadamente 39.300 millones de coronas suecas, además de un acuerdo de cooperación industrial y transferencia tecnológica.

En aquel momento, la Cámara de Diputados de Brasil informó que el valor final del programa había alcanzado aproximadamente US$5.400 millones, después de que la cifra inicialmente discutida aumentara durante las negociaciones.

El caso brasileño es particularmente diferente porque incorporó una enorme dimensión industrial y tecnológica.

Brasil no compró simplemente cazas terminados: el programa incluyó cooperación con Embraer y transferencia tecnológica.

Por eso tampoco es correcto utilizar los US$5.400 millones como si fueran el precio internacional del Gripen.

Rafale: el ejemplo francés

El Rafale ofrece otro punto de comparación.

En 2016, India cerró un acuerdo por 36 Rafale por aproximadamente €7.878 millones. El paquete incluía aeronaves, armamento, modificaciones específicas para India, repuestos y mantenimiento, entre otros elementos. La denominada “configuración básica” de los 36 aviones se situaba alrededor de €3.420 millones, mientras que el resto correspondía a otros componentes del acuerdo.

INDIA — 36 RAFALE

Contrato completo
≈ €7.878 millones

Aviones
████████████

Armamento
████

Modificaciones
██████

Soporte y otros
████████████

Una simple división arrojaría aproximadamente €219 millones por aeronave dentro del paquete, pero, nuevamente, no es un precio unitario del Rafale.

Comparación: ¿qué muestran realmente estas cifras?

Alternativa Caso utilizado Cantidad Valor del programa/paquete
F-35A Referencia FACh, avión + motor 11 ≈ US$1.132 millones
F-16 Block 70 Perú, posible FMS 12 US$3.420 millones
Gripen E/F Colombia 17 €3.100 millones
Gripen NG Brasil 36 ≈ US$5.400 millones
Rafale India 36 €7.878 millones

La tabla debe leerse con cuidado: no es una comparación de precios unitarios ni una clasificación de qué avión es más barato. Son contratos diferentes, de años diferentes y con contenidos distintos.

Lo que sí muestran es la enorme diferencia entre comprar una aeronave y construir una capacidad aérea completa.

¿Cuánto podría costar una eventual flota chilena?

Aquí entramos necesariamente en un escenario hipotético.

Si Chile estudiara una fuerza inicial de 11 F-35A, los aproximadamente US$1.132 millones de avión y motor serían solo el punto de partida matemático.

Un paquete completo podría ser considerablemente mayor dependiendo de la cantidad de armas, repuestos, entrenamiento, infraestructura, simuladores y soporte contratado.

Para dimensionar el problema, el paquete peruano de 12 F-16 Block 70 fue estimado por Estados Unidos en US$3.420 millones, casi tres veces el cálculo de 11 F-35A basado únicamente en avión y motor.

Eso no significa que un programa F-35 chileno necesariamente costaría US$3.420 millones. Significa que comparar únicamente los precios de catálogo de las aeronaves puede entregar una imagen completamente distorsionada.

El presupuesto chileno también importa

La Ley de Presupuestos 2026 asignó a la Fuerza Aérea de Chile ingresos por aproximadamente $285.530 millones, además de US$52,613 millones en moneda extranjera convertida a dólares.

Ese presupuesto financia a toda la institución y no puede utilizarse como si estuviera destinado exclusivamente a la compra de cazas.

Por ello, un programa de varios miles de millones de dólares tendría necesariamente que entenderse como una decisión de inversión de largo plazo, con financiamiento y ejecución plurianual.

Y ese es precisamente el punto que, en mi opinión, debería ocupar una parte mucho mayor del debate chileno.

La pregunta no es cuánto cuesta el F-35: es cuánto cuesta tenerlo operativo

La propia FACh ha señalado que el F-35 representa un salto tecnológico importante y ha publicado un análisis específico sobre el programa. Al mismo tiempo, el general Milton Zablah confirmó en septiembre que el F-35 es una de las alternativas que se estudian para reemplazar los F-5, sin que exista una decisión pública de compra.

Chile, además, ya demostró en FIDAE 2026 una importante interoperabilidad con el F-35: un KC-135E de la FACh realizó reabastecimiento en vuelo a F-35A estadounidenses durante su traslado hacia el país.

Eso convierte al F-35 en una alternativa técnicamente interesante para estudiar.

Pero el precio final no estará determinado únicamente por los US$82,5 millones del avión.

Estará determinado por todo lo que Chile tenga que adquirir para que esos aviones puedan operar durante décadas.

Y ahí podría estar la verdadera diferencia entre las alternativas.

El F-16 tendría a su favor una infraestructura chilena ya construida alrededor de la familia. El Gripen permitiría analizar una nueva arquitectura europea con el precedente reciente de Colombia y Brasil. El Rafale ofrecería otra alternativa europea de alta capacidad. Y el F-35 introduciría una quinta generación que cambiaría considerablemente la arquitectura tecnológica de la FACh.

El proceso de reemplazo de los F-5, por tanto, no debería medirse únicamente en número de aviones.

La decisión será sobre cuántos aviones Chile puede comprar, cuántos puede mantener disponibles, qué armas puede adquirir, qué infraestructura necesita y cuánto puede sostener financieramente durante los próximos 30 años.

Y si finalmente los misteriosos 11 F-35 corresponden a Chile, la primera pregunta ya no será cuánto cuestan esos once aviones.

Será cuánto costará convertir once F-35 en una capacidad de combate realmente operativa para Chile.

Boris Ulloa
Boris Ulloa
Redactor con más de 9 años de trayectoria en prensa digital, con publicaciones en Yahoo News y Finance. Especializado en actualidad nacional e internacional, crónica regional, investigación y artículos de opinión.

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