La posibilidad de que Chile incorpore el F-35 Lightning II como reemplazo de sus F-5 Tigre III enfrenta ahora un contrapunto desde Argentina. Un análisis publicado por el medio especializado Red Castrense sostiene que sería “casi imposible” o sumamente improbable que Estados Unidos venda el caza de quinta generación a Chile, pese a que tanto Washington como la propia Fuerza Aérea de Chile (FACh) han dejado públicamente abierta esa alternativa.
El planteamiento argentino se basa principalmente en consideraciones geopolíticas, presupuestarias, estratégicas y de política de exportación de armamento estadounidense. Sin embargo, se trata de un análisis y no de una decisión oficial de Washington.
De hecho, la información pública disponible apunta en una dirección diferente. En septiembre, el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, afirmó que ambos países están conversando sobre distintas alternativas de cooperación militar y, consultado específicamente por el F-35, señaló que Chile podría llegar a operar el avión.
La FACh también confirmó que el F-35 está entre las opciones que estudia para reemplazar los F-5, cuyo retiro está previsto para la primera mitad de la década de 2030.
El análisis argentino que pone en duda al F-35
El artículo de Red Castrense, publicado el 27 de septiembre bajo el título “Cazas de quinta generación: Por qué EE. UU. nunca le venderá el F-35 a Chile”, plantea que Washington tendría razones para evitar una transferencia de esta tecnología a Sudamérica.
El medio argentino sostiene que el F-35 no debe analizarse simplemente como un nuevo avión de combate, sino como una plataforma que combina baja observabilidad, sensores avanzados, fusión de datos y guerra electrónica.
A partir de esa premisa, el análisis considera que una eventual venta a Chile podría alterar el equilibrio militar regional y generar incentivos para que otros países sudamericanos busquen capacidades equivalentes.
Sin embargo, este punto corresponde a la interpretación del medio argentino. No existe una declaración pública del Gobierno de Estados Unidos que establezca una política de “cero ruptura del equilibrio regional” que prohíba vender F-35 a Chile.
Por eso, esa afirmación debe entenderse como una hipótesis estratégica y no como una regla oficial estadounidense.
La posición pública de Washington dice algo diferente
La principal dificultad para dar por descartada la operación está precisamente en las declaraciones del propio representante diplomático estadounidense en Chile.
El 8 de septiembre, el embajador Brandon Judd fue consultado por la posibilidad de que Chile adquiriera el F-35 y respondió que Estados Unidos estaba “en conversaciones con Chile sobre todas las opciones”. Además, al preguntársele si Chile podría eventualmente operar el avión, respondió afirmativamente.
La declaración no equivale a una oferta formal ni mucho menos a una autorización de venta.
Pero sí permite afirmar algo concreto: al menos públicamente, Washington no había cerrado la puerta al F-35 para Chile.
Infodefensa también recogió esas declaraciones y señaló que Estados Unidos no descartaba vender el avión a Chile.
Por lo tanto, existe actualmente una diferencia clara entre la especulación de algunos análisis externos y la posición pública conocida de Washington.
La FACh también incluyó al F-35 entre sus alternativas
La segunda pieza fundamental de esta historia proviene directamente de Chile.
El general de brigada aérea Milton Zablah, director de Planificación y Doctrina de la FACh, confirmó en septiembre que el F-35 es una de las opciones que la institución estudia para reemplazar a los F-5.
El general también explicó que la decisión deberá considerar las consecuencias logísticas, operativas y presupuestarias de incorporar una nueva plataforma.
Esto es relevante porque Chile no ha anunciado que haya escogido al F-35.
La FACh está estudiando alternativas.
Por tanto, actualmente existen tres hechos diferentes que no deberían confundirse: el F-35 es una opción para Chile, Estados Unidos no ha descartado públicamente la posibilidad y tampoco existe una decisión oficial de compra.
¿De dónde surgieron los rumores sobre 11 F-35?
La discusión adquirió una nueva dimensión en junio, cuando Estados Unidos adjudicó un contrato de US$153,9 millones para materiales y componentes destinados a la producción de 11 F-35 para un cliente extranjero no identificado.
La coincidencia llamó inmediatamente la atención porque Chile mantiene 11 F-5 en servicio y se encuentra precisamente evaluando su reemplazo.
Sin embargo, hasta ahora no existe confirmación pública de que Chile sea ese cliente.
El propio Ministerio de Defensa chileno señaló en junio que el país no tenía restricciones estadounidenses para adquirir el F-35, aunque las adquisiciones de Defensa tienen carácter reservado.
Por eso, tampoco es correcto afirmar que esos 11 aviones ya estén destinados a la FACh.
El argumento chino: uno de los puntos más discutibles
El análisis argentino también menciona la relación económica entre Chile y China como un eventual obstáculo para la transferencia de tecnología estadounidense altamente sensible.
La preocupación por la seguridad de la información y las cadenas tecnológicas es un elemento real en los programas militares avanzados. El F-35, además, depende de una extensa arquitectura digital, redes de información, software, sensores y sistemas de misión.
Pero otra cosa diferente es afirmar que la relación comercial de Chile con China impediría automáticamente una venta.
No existe públicamente una norma estadounidense que establezca que un país con importantes relaciones comerciales con China no pueda adquirir el F-35.
De hecho, Estados Unidos ha autorizado ventas del sistema a distintos socios que mantienen relaciones económicas con China.
Por eso, el argumento puede formar parte de un análisis geopolítico, pero no debería presentarse como una prohibición formal.
El costo sí representa un problema concreto
Donde el planteamiento argentino encuentra un argumento más fácil de contrastar es en el costo del programa.
La FACh publicó un análisis sobre el F-35 en el que situó el costo promedio del F-35A en aproximadamente US$82,5 millones por aeronave, sin incluir el motor. El mismo documento situó el costo del motor F135 en aproximadamente US$20,4 millones.
Si se utilizaran esas cifras como referencia para 11 aeronaves, el cálculo básico sería de aproximadamente US$1.132 millones entre aviones y motores.
Pero esa cantidad no representa el precio final de una eventual adquisición chilena.
Un programa completo tendría que contemplar armamento, repuestos, entrenamiento, simuladores, infraestructura, mantenimiento, soporte logístico y otros elementos.
El ejemplo peruano demuestra la diferencia.
Estados Unidos autorizó una posible venta de 12 F-16 Block 70 a Perú por US$3.420 millones, incluyendo aeronaves, motores, armamento, entrenamiento, repuestos, infraestructura y apoyo logístico.
Por eso, si Chile llegara a negociar una flota de F-35, el costo real del programa sería previsiblemente muy superior al simple valor de los aviones y motores.
El F-16 aparece como la alternativa más lógica para mantener una arquitectura conocida
Red Castrense sostiene que la alternativa estadounidense más probable para Chile sería el F-16 Block 70/72, debido a que la FACh ya opera la familia F-16.
Chile cuenta actualmente con F-16 Block 50 y F-16 modernizados, lo que significa que existe infraestructura, personal, entrenamiento y experiencia acumulada alrededor de la plataforma.
Una segunda publicación de Red Castrense, también fechada el 27 de septiembre, plantea precisamente que la FACh podría seguir una hoja de ruta basada en la modernización integral de los F-16 y el reemplazo progresivo de los F-5, en lugar de dar inmediatamente el salto al F-35.
No obstante, esto tampoco constituye un anuncio de la FACh.
La institución ha dicho que estudia todas las opciones.
La discusión regional también pesa
El reemplazo de los F-5 ocurre en un momento en que varios países sudamericanos están renovando sus capacidades de combate.
Argentina incorporó 24 F-16 procedentes de Dinamarca, mientras Perú avanza con la adquisición de 12 F-16 Block 70.
Colombia, por su parte, firmó con Saab un contrato por 17 Gripen E/F, introduciendo otra plataforma moderna en Sudamérica.
Chile también participó durante 2026 en ejercicios de interoperabilidad con aeronaves F-16 y Gripen, mientras que durante FIDAE la FACh realizó una operación de reabastecimiento en vuelo de un F-35A estadounidense utilizando un KC-135E chileno.
Este último episodio demuestra que la FACh posee un nivel de interoperabilidad con plataformas estadounidenses de quinta generación, aunque no significa que exista una decisión de adquirirlas.
La contradicción que deja abierta la historia
La situación actual resulta particularmente interesante porque existen dos relatos diferentes.
Por un lado, un medio argentino sostiene que Estados Unidos nunca venderá el F-35 a Chile, argumentando que la aeronave sería demasiado avanzada, costosa y sensible para el escenario sudamericano.
Por otro, las declaraciones públicas conocidas de Washington indican que no todas las opciones están descartadas. El embajador estadounidense habló de conversaciones con Chile y no excluyó explícitamente el F-35.
Y en Chile, la propia FACh reconoce que el F-35 forma parte de las alternativas para sustituir los F-5.
Por ahora, ninguna de las dos posiciones permite afirmar que el F-35 terminará en la FACh.
¿Está realmente descartado el F-35 para Chile?
Con la información pública disponible hasta el 29 de septiembre de 2026, no.
Tampoco puede afirmarse que Chile vaya a comprarlo.
Lo que sí está confirmado es que la FACh necesita resolver el futuro de los F-5, que se acercan al final de su ciclo operacional; que el F-35 está entre las alternativas estudiadas; y que Estados Unidos ha dejado públicamente abierta la posibilidad de discutir nuevas capacidades con Chile.
La afirmación de que Washington “nunca” venderá el avión corresponde, por ahora, a la interpretación de un medio argentino, no a una decisión anunciada por el Gobierno estadounidense.
Y esa diferencia es fundamental.
Porque si finalmente Estados Unidos ofreciera formalmente el F-35, Chile tendría que evaluar una cuestión mucho más compleja que la posibilidad de comprar el avión: si está dispuesto a financiar y sostener durante décadas una capacidad de quinta generación.
Por ahora, el F-35 continúa siendo una opción sobre la mesa. Si esa puerta terminará abierta o cerrada dependerá de las conversaciones entre ambos países, de la evaluación de la FACh y, finalmente, de la decisión chilena sobre qué tipo de capacidad aérea quiere mantener durante las próximas décadas.


