El Ministerio de Defensa Nacional evitó confirmar o descartar una eventual negociación para adquirir cazas F-35 Lightning II, el avión de combate más avanzado desarrollado por Estados Unidos, luego de que surgieran versiones que apuntan a Chile como posible destinatario de un lote de 11 aeronaves actualmente en proceso de fabricación por parte de Lockheed Martin.
La posibilidad tomó fuerza tras conocerse que la Armada de Estados Unidos adjudicó un contrato por 153,9 millones de dólares a Lockheed Martin para la compra de componentes y materiales destinados a la construcción de once F-35 para un cliente extranjero cuya identidad no fue revelada oficialmente.
De acuerdo con información difundida por medios especializados en defensa, entre los potenciales compradores figuran países como Bélgica, Grecia, Rumania, Singapur, República Checa y también Chile, aunque hasta ahora no existe confirmación oficial por parte de ninguna autoridad involucrada.
Consultado por estos antecedentes, el Ministerio de Defensa Nacional mantuvo la reserva habitual que caracteriza los procesos de adquisición militar en el país. Sin confirmar ni negar la existencia de negociaciones, la cartera señaló que las compras de armamento tienen carácter reservado por razones de seguridad y defensa nacional.
Sin embargo, la respuesta incluyó un dato relevante: Chile no enfrenta restricciones por parte de Estados Unidos para adquirir el F-35, situación que abre la puerta a una eventual evaluación futura de la plataforma.
Un posible reemplazo para los F-5 que cumplieron medio siglo
La eventual llegada del F-35 Lightning II se relaciona directamente con uno de los principales desafíos estratégicos de la Fuerza Aérea de Chile (FACh): la futura sustitución de los F-5 Tigre III.
Estas aeronaves comenzaron a operar en el país durante la década de 1970 y recientemente cumplieron 50 años de servicio, convirtiéndose en una de las plataformas de combate más longevas dentro del inventario militar chileno.
Desde el Ministerio de Defensa explicaron que todavía no existe una decisión definitiva respecto al modelo que reemplazará a los F-5, ya que el proceso continúa en etapas de análisis técnico, evaluación operativa y estudios presupuestarios.
La cartera indicó que actualmente se consideran diversas alternativas disponibles en la industria aeronáutica internacional y que el presupuesto será definido una vez que se seleccione una plataforma específica.
La renovación de esta flota resulta especialmente relevante considerando que la superioridad aérea constituye uno de los pilares de la defensa nacional y que varios países han iniciado procesos de modernización de sus capacidades militares durante la última década.
Qué es el F-35 y por qué es considerado uno de los aviones más avanzados del mundo
El F-35 Lightning II es un caza de quinta generación desarrollado por Lockheed Martin para las fuerzas armadas de Estados Unidos y sus aliados.
La aeronave incorpora tecnología furtiva o stealth, diseñada para reducir significativamente su detección por radares enemigos. Además, integra avanzados sistemas de sensores, guerra electrónica, recopilación de inteligencia y transmisión de datos en tiempo real.
Una de sus principales ventajas es su capacidad para actuar como un centro de información aérea, compartiendo datos instantáneamente con otros aviones, unidades terrestres, sistemas antiaéreos y plataformas navales.
Especialistas consideran que el F-35 representa una evolución importante respecto a generaciones anteriores de aeronaves debido a su capacidad de operar en entornos altamente complejos y con elevados niveles de amenaza.
Actualmente, el avión es utilizado por Estados Unidos, Reino Unido, Italia, Países Bajos, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Polonia, Bélgica, Israel, Japón, Corea del Sur, Australia y Singapur, entre otros países.
La relación entre Chile y el programa F-35 viene desde hace casi dos décadas
El interés de Lockheed Martin por ofrecer el F-35 a Chile no es nuevo. Ya en 2007, ejecutivos de la compañía manifestaban públicamente su disposición a presentar la aeronave como una alternativa futura para la FACh.
En ese entonces, representantes de la empresa destacaban a Chile como un socio estratégico y uno de los operadores más importantes del F-16 en América Latina.
La relación continuó desarrollándose durante los años siguientes. En FIDAE 2018, dos aeronaves F-35A Lightning II aterrizaron por primera vez en territorio chileno, permaneciendo durante dos semanas en instalaciones del Grupo de Aviación N.º 10 de la FACh.
Posteriormente, durante FIDAE 2026, nuevos ejemplares del modelo participaron en exhibiciones aéreas, permitiendo que autoridades, especialistas y público observaran de cerca las capacidades del avión.
Además, representantes de Lockheed Martin han señalado en distintas oportunidades que la experiencia de la FACh operando aviones F-16 facilitaría una eventual transición hacia aeronaves de quinta generación.
Qué impacto tendría la compra para Chile y América Latina
Si finalmente Chile decidiera incorporar el F-35 Lightning II, se convertiría en el primer país de América Latina en operar un caza de quinta generación.
La eventual adquisición representaría un salto tecnológico significativo para la Fuerza Aérea de Chile, que actualmente dispone de una de las flotas de combate más modernas de la región gracias a sus aviones F-16.
Sin embargo, una operación de este tipo también implicaría importantes desafíos financieros y logísticos. La compra de aeronaves de quinta generación no solo contempla el costo de los aviones, sino también infraestructura especializada, capacitación de pilotos, simuladores, armamento, mantenimiento y soporte técnico durante décadas.
Por esta razón, cualquier decisión en esta materia suele ser analizada durante varios años antes de concretarse.
El factor geopolítico: Un cambio en el equilibrio estratégico de la región
La eventual incorporación del F-35 no solo sería un hito tecnológico, sino un punto de inflexión geopolítico en América Latina. Históricamente, Chile ha mantenido una política de defensa disuasiva basada en la modernización y eficiencia tecnológica, más que en la superioridad numérica.
De concretarse la operación, la FACh rompería la brecha generacional en el subcontinente. Actualmente, las principales fuerzas aéreas de la región operan tecnologías que pertenecen a filosofías de diseño anteriores (como Brasil con sus Saab Gripen NG de generación 4.5, o Venezuela con los Sukhoi Su-30MK2). Al operar el F-35, Chile adoptaría el estándar operativo de las principales potencias globales, consolidando su posición como el socio estratégico más confiable de Washington en el Cono Sur y facilitando su integración en ejercicios multinacionales complejos como Red Flag.
Los números detrás del “relámpago”: El desafío financiero y logístico
El verdadero debate técnico en el aparato estatal chileno no radica en las capacidades del avión, sino en su sustentabilidad económica a largo plazo. La adquisición de un caza de quinta generación es solo la punta del iceberg de un presupuesto que involucra variables complejas:
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El costo de adquisición: Aunque el valor por unidad del F-35A se ha estabilizado en torno a los 80 o 85 millones de dólares en los últimos años, un lote de 11 aeronaves superaría los 1000 millones de dólares solo en células, duplicando esa cifra al sumar el paquete inicial de soporte (simuladores, herramientas específicas y stock de repuestos).
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El costo operativo: Se estima que la hora de vuelo del F-35 oscila entre los 30.000 y 35.000 dólares, una cifra que prácticamente triplica el costo de operar un F-16 chileno en la actualidad.
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La dependencia tecnológica: El sistema de mantenimiento del F-35 está centralizado globalmente a través de plataformas de software administradas por Lockheed Martin. Esto obligaría a la FACh a depender de una red logística global controlada por EE. UU., lo que contrasta con el alto nivel de autonomía y mantenimiento soberano que hoy realiza la industria local (como ENAER) sobre la flota F-16.
¿El reemplazo directo del F-5 o un “enroque” táctico?
Dentro del análisis de la FACh existe una disyuntiva operativa sobre cómo sustituir los F-5 Tigre III, aviones que operan principalmente desde Punta Arenas en misiones de reacción rápida y patrullaje austral.
Saltar de una plataforma analógica de los años 70 a un “computador volador” como el F-35 plantea desafíos de infraestructura severos. Las bases destinadas a este avión requieren hangares con control de temperatura especializado (para proteger la delicada pintura absorbente de radar) y sistemas de seguridad informática de alta clasificación.
Por ello, especialistas evalúan que el F-35 podría asumir el rol de primera línea en el norte del país, mientras que un lote de F-16 modernizados sería desplazado al extremo sur para asumir las tareas que hoy dejan los veteranos F-5.
Defensa mantiene la reserva sobre el proceso
Por ahora, no existe confirmación oficial respecto a una negociación entre Chile y Estados Unidos para la adquisición de los 11 F-35 contemplados en el contrato adjudicado por la Armada estadounidense.
No obstante, las declaraciones entregadas por el Ministerio de Defensa Nacional dejan abierta la posibilidad de que el avión forme parte de las alternativas que se evalúan para reemplazar a los F-5 Tigre III en el futuro.
“En Chile, las compras de armamento y material bélico por parte de las Fuerzas Armadas tienen un carácter reservado, por motivos de seguridad y defensa nacional”, indicaron.
Finalmente recalcaron que, “en todo caso, Chile suele informar sus procesos de adquisiciones oportunamente y, en el caso específico del F-35, solo cabe señalar que nuestro país no tiene restricciones de parte de Estados Unidos para adquirirlo“.


