De Open Banking a Open Finance: la banca redefine su rol en la economía de los datos
Por Gisela Colombo
La industria financiera atraviesa una transformación decisiva: el paso del Open Banking al Open Finance. Lo que comenzó como una apertura de datos de cuentas y pagos evoluciona hacia un modelo más amplio, donde inversiones, seguros, créditos y patrimonio completo pueden integrarse en un único ecosistema digital.
En este nuevo esquema, los bancos dejan de ser custodios de información fragmentada para convertirse en articuladores de la vida financiera de sus clientes. La competencia ya no se define por la cantidad de productos, sino por la capacidad de construir una visión integral, útil y en tiempo real.
Un caso reciente lo confirma. Una entidad global lanzó una herramienta que permite a clientes de alto patrimonio visualizar y gestionar inversiones mantenidas incluso en otras instituciones desde una sola plataforma. El movimiento marca un cambio de lógica: el banco deja de enfocarse en retener activos y pasa a competir por ser la interfaz donde se toman decisiones.
Este avance responde tanto a la tecnología como a la regulación. Nuevos marcos normativos impulsan la portabilidad de datos financieros, otorgando al cliente el control sobre su información. Así, los datos dejan de ser un activo cerrado y se convierten en un recurso compartido dentro de un ecosistema abierto.
“Estamos pasando de un modelo centrado en productos a uno centrado en decisiones”, afirma un especialista en transformación digital del sector financiero. “La diferencia ya no está en quién tiene los datos, sino en quién los interpreta mejor y actúa con mayor precisión”.
El impacto es directo. Con acceso a información más completa, la inteligencia artificial puede anticipar necesidades, optimizar inversiones y ofrecer recomendaciones personalizadas. La figura del asesor financiero evoluciona hacia sistemas automatizados, capaces de operar de manera continua y contextual.
Pero el cambio también impone desafíos. La seguridad de los datos, la confianza del cliente y la interoperabilidad entre plataformas se vuelven críticos. A esto se suma la necesidad de definir nuevos modelos de negocio en un entorno donde múltiples actores acceden a la misma información.
El resultado es un rediseño del rol bancario. Las entidades pasan de ser proveedores de productos a integradores de servicios financieros. Su valor ya no reside en lo que poseen, sino en cómo conectan, interpretan y simplifican.
En esta nueva etapa, la ventaja competitiva será para quienes logren convertir la complejidad en experiencia simple. Porque en la economía de los datos, el centro ya no es el banco, sino el cliente.
