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BBC: El origen de la violencia subterránea que emergió en las manifestaciones en Chile

Los vecinos del centro de Santiago los ven desde su ventana. Algunos han intentado dialogar con ellos. Los llaman «vándalos», «encapuchados», «lumpen», «violentistas» y, de forma irónica, «blancas palomas».

Adriana Montecinos

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RT

Los apelativos van cambiando en el discurso público. Son los jóvenes que cada día protagonizan violentos incidentes en la céntrica Plaza Italia de Santiago y en distintos puntos de la Alameda antes, durante o después de las multitudinarias manifestaciones pacíficas que comenzaron en Chile el 19 de octubre recién pasado.

En esos incidentes, cruzan piedrazos con los carabineros, que responden con gases lacrimógenas y perdigones. Están allí cuando comienzan los incendios y los saqueos. Son parte de la violencia que se ha hecho visible en estos días de movilización en distintos lugares del país.

También están ahí las denuncias por homicidios, golpizas, abusos sexuales y lesiones de distinta gravedad contra las fuerzas de seguridad. Las mismas que han movilizado a un grupo de monitoreo de Naciones Unidas, a una misión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y causan la preocupación de organizaciones internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional.

Parece que junto a las esperanzas de cambio que inspiran hoy a miles de chilenos a salir a las calles se hubiera levantado también el velo que cubría una violencia que, o no se quiso ver antes, en el caso de la protagonizada por algunos jóvenes, o se pensó que nunca regresaría al país, en el caso de los uniformados.

Una cosa es no ser el oasis en Latinoamérica, otra que el país se convirtiera en escenario de saqueos prácticamente diarios y que, en apenas 10 días, se hayan presentado ya más de 120 querellas por presuntas violaciones a los derechos humanos.

¿Qué pasó en Chile? ¿De dónde surge la violencia?

La antropóloga Francisca Márquez los ve actuar cada día y los describe para BBC Mundo: la mayoría son hombres, jóvenes y adolescentes. Llevan la cabeza mal tapada por un trapo, provocan y se enfrentan en grupo contra carabineros.

Golpean la vereda hasta arrancar trozos de concreto con los que disparan a los carros lanzaaguas. Arrancan en piño, se lanzan al suelo en punta y codo. Tienen «panza de cerveza», a veces llevan el torso desnudo. Son «jóvenes populares», dice Márquez.

Se les acusa de opacar las marchas y socavar el mayoritario apoyo a las movilizaciones. Son «carne de cañón» de las permanentes ráfagas de gases lacrimógenos y perdigones con los que la policía intenta disolverlos cada día. Son, también, fruto de la sociedad chilena, dice la antropóloga.

«Estos jóvenes, vándalos, lumpen, son nuestros hijos: pasaron por nuestra educación pública, son resultado de este sistema. No podemos venir a tratarlos de alienígenas, no cayeron de Cuba, ni de Venezuela, nosotros los engendramos. Son terceras, cuartas generaciones tras la dictadura».

«Y debemos preguntarnos qué hemos hecho para que ellos nos apedreen, para que quemen todo lo que es símbolo de progreso», sostiene Márquez.

«Me ha sorprendido que hay algo infantil en ellos. Llevan unos escudos improvisados, sacados de material de la calle, su ropa y su aspecto es muy precario. Tienen una capacidad muy certera de lanzar piedras muy lejos y se mueven como si jugaran a la guerra. Si el carabinero no responde, es como si no hubiera manifestación. Y creo que juegan a la guerra porque no tienen mucho más que hacer«, dice.

«Son los jóvenes de la canción de Los Prisioneros, a los que nos les queda nada más que patear piedras. Y aquí literalmente están haciendo eso: pateando piedras. Estudiaron en nuestras escuelas públicas, las más segregadas de Latinoamérica, algunos son la primera generación entrada a la universidad: son pastizal para cualquier incendio…».

«Son los que han visto a sus mamás haciendo aseo, a sus padres reciclando en la basura. Tienen los ojos brillantes, porque aquí ciertamente circula droga y ellos ciertamente han sido víctimas del tráfico. Cuando los veo pasar por el parque me pregunto si finalmente no están encontrando ahí su sentido y su identidad», agrega.

La antropóloga describe que, en los primeros días de protestas, bajó a enfrentarlos junto a otras personas: «Les explicamos que éramos vecinos. Eran cabros marginales, nos respondían ‘mamita’, ‘papito’, ‘vecinito’, ‘no se preocupe’. Con ellos pudimos conversar».

«Responden violencia con violencia»

El sociólogo Daniel Chernilo plantea que si bien la violencia está a la base de la vida social, y se expresa en la vida cotidiana en Chile con actos que van desde los feminicidios a la dureza en la convivencia urbana, hay un fenómeno específico que se ha expresado en estas manifestaciones: el de jóvenes que no creen en la democracia ni la convivencia pacífica, porque no ven en ellas nada de valor.

«Creo que en el caso chileno, pero no sólo en Chile, hay hace tiempo un grupo reducido, de gente más bien joven, de clase media baja, con estudios secundarios completos, muchos de ellos con paso por la universidad, que han desarrollado una visión de mundo, una ideología que por un lado legitima la violencia como medio político y que, por otro, cuando los llamas a respetar las normas de la vida en democracia, no creen en nada de lo que se les está diciendo».

«No ven que la democracia sea capaz de protegerlos o que tenga la capacidad de promoverlos… Ven las reglas de la convivencia pacífica como una hipocresía, y responden violencia con violencia».

Para Chernilo, esos fenómenos no deben confundirse con los de los saqueos, que no se habrían producido, dice, si no se hubieran generado determinadas condiciones de inestabilidad.

En ellos pueden participar personas por imitación, por necesidad o por pobreza. «Puede haber un elemento narco o personas que funcionan en el mercado informal».

Según las investigaciones de la fiscalía, en los saqueos que ahora se investigan hubo gente que aprovechó la oportunidad para entrar a los locales una vez que una turba rompía los accesos, pero también grupos que parecen haber actuado de forma coordinada para sustraer lo que encontraban o para cometer delitos en los que ya tenían antecedentes, como el robo de cajeros automáticos.

Pero el fenómeno en Chile no se agota en estos delitos, plantea Chernilo.

«Yo viví en Inglaterra, donde el 2011 hubo saqueos de parte de grupos que tenían niveles aceptables de educación. Los veías saquear cosas que no podían conseguir, teléfonos, cosas así. En Chile es más complejo. Porque para algunos hay una ideología detrás, una que cree que el Estado es enemigo, que la democracia es represora y que ve la propiedad privada como una fuente de problemas», dice el académico de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Jóvenes manifestantes, uniformados jóvenes

La violencia se ha visto retratada también en las graves acusaciones que enfrentan los carabineros. La institución asegura que se trata de denuncias que todavía están en investigación y que serán los tribunales los que deban aclarar la verdad.

Cuentan que ha habido 900 uniformados lesionados en las protestas, algunos de ellos en estado grave.

Mientras, el Instituto Nacional de Derechos Humanos reporta en tanto cinco querellas por homicidios con presunta intervención de agentes del Estado, 120 denuncias por torturas -incluidas dos violaciones- y más de 1.300 civiles heridos.

«Entiendo que hoy el foco se ponga en estos jóvenes que veo desde mi ventana, que tiran piedras, que increpan a la policía. Pero también soy testigo de la cantidad de lacrimógenas que se tiran a todos los que se manifiestan. Basta que un grupo de escolares se instale con un lienzo para que lleguen las bombas lacrimógenas. Eso es un acto de violencia», dice Francisca Márquez.

«Hay un fenómeno muy deficitario de aprendizaje en las fuerzas de seguridad del estado respecto a qué significa respetar el derecho legítimo a manifestarse incluso cuando uno no tiene permiso, al derecho legítimo a usar el espacio público como espacio de desobediencia civil y respecto a cómo mantener el orden público y respetar los derechos humanos», dice Daniel Chernilo.

Expertos como el abogado Cristián Riego, docente de la Universidad Diego Portales y uno de los creadores del actual sistema de justicia chileno, ha planteado que en Chile, previo a las manifestaciones, ya existía una «crisis policial» y antecedentes previos de maltrato a detenidos.

Chernilo plantea que los escándalos previos en la institución -referidos por ejemplo al mal uso y apropiación de fondos públicos- prueba además que los uniformados no funcionan bajo un control civil real, y que, por lo tanto, su forma de comportarse en el mundo civil es deficitaria. «La sensación que tiene mucha gente es que las marchas pacíficas se reprimen con dureza, y los actos de violencia tienen una respuesta tardía».

«Hay algo fantasmagórico que se nos aparece», plantea Márquez tras las denuncias contra uniformados. «Como si la dictadura hubiese permeado las prácticas de los jóvenes militares hoy día. Yo me pregunto quiénes son formados y quiénes los están formando, qué están aprendiendo».

Violencia naturalizada

Grupos anarquistas hay en todos lados, explica Chernilo. Y la violencia policial tampoco es un fenómeno exclusivo de Chile, sino un fenómeno lamentablemente más o menos extendido. Lo que es específico de Chile, dice el sociólogo, es que existe, hace tiempo, «una tolerancia relativamente alta a que la violencia se exprese en lugares públicos».

«La violencia en Chile está naturalizada, y eso hace que cueste más rechazarla, incluso en las manifestaciones. Pasa en el estadio de fútbol, por ejemplo, incluso entre hinchas que no son violentos hay violencia. Pasa en las calles, en cómo se conduce. La violencia es parte de la vida diaria».

«El puntapié inicial fue la declaración de guerra de Piñera», dice Márquez sobre los hechos de violencia de los últimos días. «Pero además el Estado de Chile y este gobierno tienen una amnesia histórica: como si todo partiera con los grupos violentistas. Desconoce que la violencia se ha ido instalando sistemáticamente en el país, no sólo en dictadura, sino en democracia», dice.

«En los medios a veces esto se discute como algo muy subjetivo, como si sólo dependiera de mirarnos a los ojos».

«Pero no: también tenemos que hablar de los factores estructurales de la violencia, de cómo en Chile se han ido instalando comportamientos sociales que debilitan los códigos moralesdonde todo es posible, donde se dice sí o no según conveniencia. Donde todo es sospecha, todo es pensar si alguien se está aprovechando de ti. Donde los códigos de honradez o temperancia, no valen. Lo que sirve es aprender las reglas del mercado para poder vivir».

«Eso va a creando un deterioro de lo común, de la comunidad. Eso carcome el tejido social», concluye.

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BBC: Qué es el «sadfishing» y qué revela de tu personalidad

El sadfishing como la acción de publicar problemas emocionales en internet con el objetivo de despertar la compasión o la atención de la comunidad de internautas.

Roberto Molina

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BBC

Si bien el término en inglés«sadfishing» es relativamente reciente —fue acuñado a comienzos de 2019 por la escritora Rebecca Reid— muchos estarán probablemente familiarizados con el acto de buscar compasión en internet, donde han visto que se hace, o son culpables de hacerlo ellos mismos.

Reid define el sadfishing como la acción de publicar problemas emocionales en internet con el objetivo de despertar compasión o la atención en la comunidad de internautas.

Sin embargo, el sadfishing está siendo usado cada vez más para acusar a la gente de buscar llamar la atención o para menospreciar el contenido que una persona publica en internet, más allá de que lo hayan hecho o no.

Cuando Justin Bieber publicó un comentario detallando sus problemas de salud mental, encontró una serie de respuestas, incluyendo algunas acusaciones de sadfishing.

Sin embargo, es casi imposible saber si alguien lo está está haciendo de forma genuina o no.

Y todo el mundo, desde personas comunes hasta políticos y gente del espectáculo han sido acusadas de sadfishing, o de tratar de exagerar la importancia de un problema en particular.

El concepto de «sadfishing» en internet es relativamente nuevo, lo cual quiere decir que actualmente no hay investigaciones que examinen este comportamiento.

Sin embargo, se pueden establecer paralelismos con el sadfishing en general y las conductas que buscan llamar la atención, con las que una persona trata de ganarse la conmiseración de los demás o su validación.

La búsqueda de atención está asociada con baja autoestima, soledad, narcisismo o maquiavelismo (el deseo de manipular a otras personas).

Sin embargo, es difícil entender las motivaciones de los usuarios de redes sociales leyendo solo sus publicaciones en la red.

Es posible que las llamadas publicaciones de sadfishing tengan la intención de destacar genuinamente un tema importante o delicado como la depresión o la ansiedad.

Otros pueden estar sencillamente compartiendo información sin darle mucha importancia a la respuesta que puedan generar.

Otras publicaciones pueden existir sencillamente para explotar o provocar a los lectores.

Búsqueda de atención y sadfishing

Si bien cualquiera puede ser culpable de hacerlo, los famosos son los más comúnmente acusados por los usuarios de redes, sobre todo si han compartido detalles personales sobre los problemas que enfrentan.

Estas acusaciones pueden con frecuencia volverse hostiles y muchos famosos se convierten como resultado en víctimas de abusos por internet.

¿Pero qué impacto tiene esto incluso para la gente que solo observa estos abusos?

Una investigación reciente le pidió a sus participantes que leyera una serie de tuits de celebridades, algunos de los cuales eran negativos.

Luego les pidieron que evaluaran si estas celebridades tenían la culpa por el abuso del que eran objeto.

El estudio encontró que la forma en que una persona percibía la gravedad del abuso online dependía de cuán importante eran su narcisismo, maquiavelismo o psicopatía (la llamada «tríada oscura»).

Los resultados mostraron que la gente que exhibía estas características en mayor medida era menos compasiva con las celebridades.

Es probable que si una persona muestra estos rasgos de personalidad, tenga más chances de juzgar la publicación como menos genuina, o que la considere un ejemplo de sadfishing.

Trastornos de la personalidad

Pero al igual que el comportamiento de quienes buscan atención en el mundo real, el sadfishing puede reflejar un problema más profundo, como un trastorno de personalidad.

Por ejemplo, el trastorno histriónico de la personalidad se caracteriza por los altos niveles de búsqueda de atención, y comienza en los primeros años de la vida adulta.

Esta gente tiene una necesidad de aprobación excesiva, es dramática, exagerada y anhela ser valoradas.

Puede que las personas que publican este tipo de comentarios sean difíciles de reconocer, a menos que admitan su comportamiento abiertamente.

Aunque presentar públicamente información extremadamente personal pueda dar lugar a acusaciones de sadfishing, es posible que estás acusaciones estén erradas.

Acusar erróneamente a alguien de sadfishing cuando genuinamente está buscando ayuda —en lugar de atención— puede tener un fuerte impacto en la salud de esa persona.

Alguien acusado falsamente puede correr riesgo de sufrir una disminución de su autoestima, ansiedad y vergüenza.

Pueden también sentirse desalentados en cuanto a pedir ayuda a su familia, amigos, pareja o consultar con profesionales.

Pero la gente que deliberadamente hace sadfishing debería saber que sus acciones pueden afectar potencialmente el bienestar de otros.

Publicar contenido altamente emocional, como preocupaciones por una enfermedad seria, puede hacer que quienes lo lean experimenten ansiedad, y estrés emocional o físico.

Aunque las redes sociales puedan brindar un espacio de apoyo para que la gente hable sobre su salud mental u otros problemas de salud, es importante saber que las publicaciones hipócritas pueden hacer más daño que otra cosa.

Los usuarios de redes sociales deberían pensar cuidadosamente sobre la información que comparten y con quién.

Aquellos que realmente necesitan ayuda pueden encontrar que es mejor acercarse a la gente cercana de forma privada, ya que ellos podrían brindarles ayuda, o incluso compartir sus propias experiencias.

También es importante hacer contacto con servicios de ayuda como los proveedores de servicios de salud, o grupos de ayuda profesionales.

A pesar de ser un término nuevo, sadfishing es en realidad una nueva etiqueta para la búsqueda de atención.

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BBC: Cómo tu aire acondicionado podría ayudar a salvar el planeta

Gracias a la «solución rápida» ambiental encontrada por el abogado Durwood Zaelke, el mundo podría haberse ahorrado un calentamiento adicional de medio grado celsius.

Roberto Molina

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BBC

El abogado ambientalista es el impulsor de una enmienda clave, poco conocida, a la que algunos han llegado a llamar «el acuerdo internacional más exitoso de la historia».

En una entrevista conducida por la periodista de la BBC Hannah Long-Higgins en el marco de la serie Climate Defenders, que realza la batalla de líderes contra el calentamiento global, Zaelke habla de la solución que él mismo encontró para ayudar a combatir el cambio climático.

Según este abogado, hay que darle prioridad a la rapidez de acción. Y su idea para acelerar las cosas es tu aire acondicionado.

«Podemos evitarnos hasta medio grado celsius de calentamiento«, dice, al mismo tiempo que explica que esa cifra se podría duplicar haciendo que los aires acondicionados sean aún más eficientes.

Hace tres años, el abogado logró con su plan persuadir a 197 países para que adoptaran un tratado climático en Kigali, Ruanda.

La llamada enmienda de Kigali quiere reducir gradualmente la utilización de hidrofluorocarburos (HFC), compuestos orgánicos que contienen átomos de flúor e hidrógeno y que son muy utilizados en aires acondicionados y refrigerantes.

Los HFC son considerados gases de efecto invernadero y le causan daño a la capa de ozono.

Mil millones de unidades más en una década

A medida que nuestro planeta se calienta, se necesitarán más aires acondicionados, refrigeradores y otros sistemas de enfriamiento, lo que aumentará la demanda de electricidad.

Se estima que cerca de mil millones de unidades de aire acondicionado adicionales sean instaladas en todo el mundo en los próximos 10 años.

Y para Durwood Zaelke, el reemplazo de componentes HFC por otros más amigables con el medio ambiente podría ayudarnos a reducir la subida de las temperaturas.

El abogado admite que puede que la cifra de medio grado parezca insignificante, pero recalca: «Ya hemos calentado nuestro planeta un grado hasta el momento». Y agrega que las consecuencias han sido «muy malas».

En esta lucha, la enmienda de Kigali es esencial porque exige que un nuevo tipo de refrigerante recientemente desarrollado y respetuoso con el medio ambiente sea instalado en las unidades de aire acondicionado de muchas fábricas alrededor del mundo.

Una reducción de 141 millones de toneladas métricas de CO2

Honeywell Advanced Materials es una de las empresas que fabrica esta nueva gama de refrigerantes.

Su presidente, George Koutsattes, afirma que la adopción de estos productos por una parte del mercado ya ha logrado reducir la cantidad de emisiones de dióxido de carbono en 141 millones de toneladas métricas.

«Es el equivalente de sacar 30 millones de carros de circulación», destaca.

A pesar de que la enmienda de Kigali no ha sido ratificada por el gobierno de Estados Unidos, muchas industrias en este país la están implementando.

«Si no nos apuramos, se nos va a hacer cada vez más difícil proteger nuestro planeta», insiste Zaelke.

Una razón muy personal

Para este hombre, al combatir el cambio climático no se resuelve solamente un problema sino otros relacionados con la pobreza y la paz mundial.

Sin embargo, la batalla contra el tiempo de Zaelke es mucho más personal.

«Mi casa de playa en Carolina del Sur es donde tuve mi primera cita con mi esposa y hacia el final del día ya estaba enamorado».

Su plan actual es detener el aumento del nivel del mar antes de que se hunda su casa.

«El plan b es dejar que el mar llegue y se la lleve porque no puedo venderla», confiesa.

Pero puede que el abogado haya encontrado una solución que lo ayudará a conservar su casa y los recuerdos que viven en ella.

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BBC: Por qué el fracaso no es la clave del éxito

El fracaso cotiza al alza. El discurso exitoso sobre el fracaso nos dice que hay que fracasar primero para poder conseguir después nuestros objetivos.

Roberto Molina

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EC

Desde los espacios de producción simbólica más autorizados nos bombardean cotidianamente diciendo que fracasar es algo bueno y que constituye una oportunidad, ya que de ahí surgen lecciones de vida que no obtendríamos de otro modo. Escuchamos por todas partes que la clave del éxito es el fracaso y que tocar fondo es necesario para alcanzar el cielo del éxito. Pero como Aristóteles decía del ser, el fracaso se dice de muchas maneras.

David y Luis

Hagamos un ejercicio comparativo imaginario. Pensemos en David, que estudia Administración y Dirección de Empresas y ha creado unastart-up. Vive en un barrio repleto de colegios privados, con una tasa de abandono escolar del 4 % y la renta de su familia es 150.000 euros anuales (US$165.000).

Supongamos que la innovadora empresa de David no funciona y pierde todo el dinero invertido. Una ocasión propicia para decir, como la tan popular cita de Beckett: «Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor».

Pensemos ahora en Luis, que vive en un barrio en el que sólo hay colegios públicos con recursos insuficientes, con una tasa de abandono escolar del 45 %. La renta de su familia es de 15.000 euros anuales (US$16.500). A Luis, que lleva encadenando trabajos precarios varios años, no le renuevan el contrato temporal en la empresa de reparto en la que lleva unos meses.

Es la tercera vez que le ocurre algo parecido y ha estado más tiempo en el paro que trabajando. ¿Sigue siendo propicia la ocasión para citar a Beckett?

Fracasamos solos

El discurso exitoso sobre el fracaso considera el fracaso desde una perspectiva individual. Se dice que quien fracasa al menos lo ha intentado, y que quien lo ha intentado ya ha logrado algo. El intento ya es de por sí meritorio, un éxito en algún sentido.

Pero siempre es un individuo quien lo intenta y quien fracasa. Basta con teclear «fracaso» en cualquier banco de imágenes para percatarse de que el fracaso es el del individuo. Quien fracasa es alguien en su soledad.

Ahora bien, esta retórica del fracaso olvida las circunstancias sociales y sociológicas desde donde se fracasa. Los «posibles» de David y de Luis son muy diferentes. Probablemente Luis jamás esté en condiciones de fundar una start-up.

No tiene el capital económico, cultural y social de la familia de David. No tiene el dinero, ni los conocimientos sobre el funcionamiento de una empresa, ni la «familiaridad» y el «saber tratar» adecuado con el que seducir a eventuales inversores. Sus «posibles» son muy diferentes. Sus fracasos, también.

Cambiar la retórica del fracaso

Fracasar se dice de muchas maneras, pero quizá necesitemos mayúsculas más grandes para que quede grabado a fuego que el discurso del fracaso motivacional funciona… siempre que se pueda fracasar.

A la postre, todo es una cuestión de posibles. Tener la capacidad de fracasar una, dos o tres veces y seguir perteneciendo al mismo y exitoso grupo social de referencia, eso sí es un éxito, a pesar de que se camufle tras la máscara de la retórica del fracaso.

Pierre Bourdieu, en su descripción de las clases económicamente dominantes, dice que para ellos es el dinero heredado lo que les garantiza la libertad respecto al dinero. Del mismo modo podemos decir que en los partidarios del fracaso retórico es el éxito (heredado) lo que les garantiza la libertad respecto del fracaso real. Por eso pueden fracasar, e incluso fracasar mejor.

Lo más peligroso de este discurso es que con el happy failure (fracaso feliz) se invisibilizan las razones del fracaso de los verdaderos perdedores de la sociedad, de los colectivos estigmatizados que no pueden permitirse la retórica del #fracasamejor.

Colectivos que por cuestiones de género, raza, clase o condición sexual viven de antemano en una situación marginal, «fracasada» en algún sentido y lejos de esos «posibles» o de esas formas del capital económico, cultural o social.

Colectivos a quienes la retórica del fracaso mantiene en el fracaso material en el que están y les condena a reproducirlo, pues se nos dice que quien no ha tenido éxito es porque no lo ha querido con las fuerzas necesarias, porque no ha fracasado lo suficiente.

Como se ve, la retórica del fracaso no solamente pretende explicar las desigualdades, sino que además las justifica en el orden simbólico: el verdadero fracasado sería quien no ha querido lo suficiente, no quien difícilmente podía.

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