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Iceberg de miles de millones de toneladas de hielo se desprendió en la Antártida

La plataforma Amery, uno de los mayores bancos de hielo de la Antártica, produjo su iceberg más grande en más de 50 años.

Roberto Molina

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El gran tamaño del iceberg implica que tendrá que ser monitoreado y rastreado porque en el futuro puede suponer una amenaza para la navegación.

La última vez que hubo un desprendimiento mayor en Amery fue a principios de los años 60. En esa ocasión, el área del iceberg comprendió unos 9.000 km cuadrados.

Amery es la tercera plataforma de hielo más grande en la Antártica y es un canal de drenaje fundamental para el este del continente.

El nuevo iceberg se desprendió totalmente de la plataforma el pasado 25 de septiembre, según informó este lunes en su cuenta de Twitter Copernicus, el programa de observación de la Tierra de la Unión Europea en colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés).

El tuit fue acompañado de dos imágenes capturadas y procesadas por el satélite Sentinel 1: en la primera, del 20 septiembre, se aprecia una grieta en Amery, mientras que en la segunda, obtenida cinco días después, el iceberg está completamente separado de la plataforma de hielo.

La plataforma de hielo es, en esencia, la extensión flotante de un número de glaciares que fluyen de la tierra al mar.

El desprendimiento de icebergs en el océano es la manera que tienen las corrientes de hielo de mantener el equilibrio. Por tanto, los científicos sabían que se iba a producir esta fractura.

Lo que es interesante es que gran parte de la atención se había puesto hacia el este de la sección que se desprendió, hacia un segmento de Amery que cariñosamente se conoce como «diente suelto» por su parecido, en imágenes satelitales, a los dientes de un niño.

Las dos áreas de hielo compartían la misma fisura.

Pero a pesar de estar tambaleante, el «diente suelto» sigue unido a la plataforma. El bloque desprendido es el D28.

«Es un molar en comparación con un diente de leche», le dijo a la BBC la profesora Helen Fricker, de la Institución de Oceanografía Scripps.

«No es el cambio climático»

Fricker predijo en 2002 que el «diente suelto» se desprendería en algún momento entre 2010 y 2015.

«Estoy emocionada al ver este evento de fragmentación después de todos estos años. Sabíamos que algo pasaría, pero, solo para mantenernos en la realidad, no es exactamente lo que esperábamos que fuera», añadió.

La investigadora subrayó que no hay un vínculo entre este fenómeno y el cambio climático.

Datos satelitales que se remontan a los años 90 muestran que Amery está en equilibrio con su entorno, pese al fuerte derretimiento de la superficie sufrido en verano.

«Si bien hay mucho de lo que preocuparse en la Antártida, todavía no hay razón para la alarma para esta plataforma de hielo en especial», explicó Fricker.

No obstante, la División Australiana de la Antártica monitoreará Amery de cerca para ver si hay alguna reacción. Los científicos del organismo tienen equipamiento en la región.

Es posible que la pérdida de un iceberg tan grande pueda cambiar la geometría en el frente de la plataforma. Esto puede influir en el comportamiento de las grietas e incluso en la estabilidad del «diente suelto».

Se calcula que D28 tiene 210 metros de grosor y contiene unos 315.000 millones de toneladas de hielo.

El nombre lo recibe de un sistema de clasificación utilizado por el Centro Nacional de Hielo de Estados Unidos, que divide la Antártica en cuadrantes.

Las corrientes cercanas a la orilla y los vientos impulsarán a D28 hacia el oeste. y probablemente tardará años en romperse y derretirse completamente.

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BBC: Qué es el «sadfishing» y qué revela de tu personalidad

El sadfishing como la acción de publicar problemas emocionales en internet con el objetivo de despertar la compasión o la atención de la comunidad de internautas.

Roberto Molina

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Si bien el término en inglés«sadfishing» es relativamente reciente —fue acuñado a comienzos de 2019 por la escritora Rebecca Reid— muchos estarán probablemente familiarizados con el acto de buscar compasión en internet, donde han visto que se hace, o son culpables de hacerlo ellos mismos.

Reid define el sadfishing como la acción de publicar problemas emocionales en internet con el objetivo de despertar compasión o la atención en la comunidad de internautas.

Sin embargo, el sadfishing está siendo usado cada vez más para acusar a la gente de buscar llamar la atención o para menospreciar el contenido que una persona publica en internet, más allá de que lo hayan hecho o no.

Cuando Justin Bieber publicó un comentario detallando sus problemas de salud mental, encontró una serie de respuestas, incluyendo algunas acusaciones de sadfishing.

Sin embargo, es casi imposible saber si alguien lo está está haciendo de forma genuina o no.

Y todo el mundo, desde personas comunes hasta políticos y gente del espectáculo han sido acusadas de sadfishing, o de tratar de exagerar la importancia de un problema en particular.

El concepto de «sadfishing» en internet es relativamente nuevo, lo cual quiere decir que actualmente no hay investigaciones que examinen este comportamiento.

Sin embargo, se pueden establecer paralelismos con el sadfishing en general y las conductas que buscan llamar la atención, con las que una persona trata de ganarse la conmiseración de los demás o su validación.

La búsqueda de atención está asociada con baja autoestima, soledad, narcisismo o maquiavelismo (el deseo de manipular a otras personas).

Sin embargo, es difícil entender las motivaciones de los usuarios de redes sociales leyendo solo sus publicaciones en la red.

Es posible que las llamadas publicaciones de sadfishing tengan la intención de destacar genuinamente un tema importante o delicado como la depresión o la ansiedad.

Otros pueden estar sencillamente compartiendo información sin darle mucha importancia a la respuesta que puedan generar.

Otras publicaciones pueden existir sencillamente para explotar o provocar a los lectores.

Búsqueda de atención y sadfishing

Si bien cualquiera puede ser culpable de hacerlo, los famosos son los más comúnmente acusados por los usuarios de redes, sobre todo si han compartido detalles personales sobre los problemas que enfrentan.

Estas acusaciones pueden con frecuencia volverse hostiles y muchos famosos se convierten como resultado en víctimas de abusos por internet.

¿Pero qué impacto tiene esto incluso para la gente que solo observa estos abusos?

Una investigación reciente le pidió a sus participantes que leyera una serie de tuits de celebridades, algunos de los cuales eran negativos.

Luego les pidieron que evaluaran si estas celebridades tenían la culpa por el abuso del que eran objeto.

El estudio encontró que la forma en que una persona percibía la gravedad del abuso online dependía de cuán importante eran su narcisismo, maquiavelismo o psicopatía (la llamada «tríada oscura»).

Los resultados mostraron que la gente que exhibía estas características en mayor medida era menos compasiva con las celebridades.

Es probable que si una persona muestra estos rasgos de personalidad, tenga más chances de juzgar la publicación como menos genuina, o que la considere un ejemplo de sadfishing.

Trastornos de la personalidad

Pero al igual que el comportamiento de quienes buscan atención en el mundo real, el sadfishing puede reflejar un problema más profundo, como un trastorno de personalidad.

Por ejemplo, el trastorno histriónico de la personalidad se caracteriza por los altos niveles de búsqueda de atención, y comienza en los primeros años de la vida adulta.

Esta gente tiene una necesidad de aprobación excesiva, es dramática, exagerada y anhela ser valoradas.

Puede que las personas que publican este tipo de comentarios sean difíciles de reconocer, a menos que admitan su comportamiento abiertamente.

Aunque presentar públicamente información extremadamente personal pueda dar lugar a acusaciones de sadfishing, es posible que estás acusaciones estén erradas.

Acusar erróneamente a alguien de sadfishing cuando genuinamente está buscando ayuda —en lugar de atención— puede tener un fuerte impacto en la salud de esa persona.

Alguien acusado falsamente puede correr riesgo de sufrir una disminución de su autoestima, ansiedad y vergüenza.

Pueden también sentirse desalentados en cuanto a pedir ayuda a su familia, amigos, pareja o consultar con profesionales.

Pero la gente que deliberadamente hace sadfishing debería saber que sus acciones pueden afectar potencialmente el bienestar de otros.

Publicar contenido altamente emocional, como preocupaciones por una enfermedad seria, puede hacer que quienes lo lean experimenten ansiedad, y estrés emocional o físico.

Aunque las redes sociales puedan brindar un espacio de apoyo para que la gente hable sobre su salud mental u otros problemas de salud, es importante saber que las publicaciones hipócritas pueden hacer más daño que otra cosa.

Los usuarios de redes sociales deberían pensar cuidadosamente sobre la información que comparten y con quién.

Aquellos que realmente necesitan ayuda pueden encontrar que es mejor acercarse a la gente cercana de forma privada, ya que ellos podrían brindarles ayuda, o incluso compartir sus propias experiencias.

También es importante hacer contacto con servicios de ayuda como los proveedores de servicios de salud, o grupos de ayuda profesionales.

A pesar de ser un término nuevo, sadfishing es en realidad una nueva etiqueta para la búsqueda de atención.

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BBC: Cómo tu aire acondicionado podría ayudar a salvar el planeta

Gracias a la «solución rápida» ambiental encontrada por el abogado Durwood Zaelke, el mundo podría haberse ahorrado un calentamiento adicional de medio grado celsius.

Roberto Molina

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El abogado ambientalista es el impulsor de una enmienda clave, poco conocida, a la que algunos han llegado a llamar «el acuerdo internacional más exitoso de la historia».

En una entrevista conducida por la periodista de la BBC Hannah Long-Higgins en el marco de la serie Climate Defenders, que realza la batalla de líderes contra el calentamiento global, Zaelke habla de la solución que él mismo encontró para ayudar a combatir el cambio climático.

Según este abogado, hay que darle prioridad a la rapidez de acción. Y su idea para acelerar las cosas es tu aire acondicionado.

«Podemos evitarnos hasta medio grado celsius de calentamiento«, dice, al mismo tiempo que explica que esa cifra se podría duplicar haciendo que los aires acondicionados sean aún más eficientes.

Hace tres años, el abogado logró con su plan persuadir a 197 países para que adoptaran un tratado climático en Kigali, Ruanda.

La llamada enmienda de Kigali quiere reducir gradualmente la utilización de hidrofluorocarburos (HFC), compuestos orgánicos que contienen átomos de flúor e hidrógeno y que son muy utilizados en aires acondicionados y refrigerantes.

Los HFC son considerados gases de efecto invernadero y le causan daño a la capa de ozono.

Mil millones de unidades más en una década

A medida que nuestro planeta se calienta, se necesitarán más aires acondicionados, refrigeradores y otros sistemas de enfriamiento, lo que aumentará la demanda de electricidad.

Se estima que cerca de mil millones de unidades de aire acondicionado adicionales sean instaladas en todo el mundo en los próximos 10 años.

Y para Durwood Zaelke, el reemplazo de componentes HFC por otros más amigables con el medio ambiente podría ayudarnos a reducir la subida de las temperaturas.

El abogado admite que puede que la cifra de medio grado parezca insignificante, pero recalca: «Ya hemos calentado nuestro planeta un grado hasta el momento». Y agrega que las consecuencias han sido «muy malas».

En esta lucha, la enmienda de Kigali es esencial porque exige que un nuevo tipo de refrigerante recientemente desarrollado y respetuoso con el medio ambiente sea instalado en las unidades de aire acondicionado de muchas fábricas alrededor del mundo.

Una reducción de 141 millones de toneladas métricas de CO2

Honeywell Advanced Materials es una de las empresas que fabrica esta nueva gama de refrigerantes.

Su presidente, George Koutsattes, afirma que la adopción de estos productos por una parte del mercado ya ha logrado reducir la cantidad de emisiones de dióxido de carbono en 141 millones de toneladas métricas.

«Es el equivalente de sacar 30 millones de carros de circulación», destaca.

A pesar de que la enmienda de Kigali no ha sido ratificada por el gobierno de Estados Unidos, muchas industrias en este país la están implementando.

«Si no nos apuramos, se nos va a hacer cada vez más difícil proteger nuestro planeta», insiste Zaelke.

Una razón muy personal

Para este hombre, al combatir el cambio climático no se resuelve solamente un problema sino otros relacionados con la pobreza y la paz mundial.

Sin embargo, la batalla contra el tiempo de Zaelke es mucho más personal.

«Mi casa de playa en Carolina del Sur es donde tuve mi primera cita con mi esposa y hacia el final del día ya estaba enamorado».

Su plan actual es detener el aumento del nivel del mar antes de que se hunda su casa.

«El plan b es dejar que el mar llegue y se la lleve porque no puedo venderla», confiesa.

Pero puede que el abogado haya encontrado una solución que lo ayudará a conservar su casa y los recuerdos que viven en ella.

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BBC: Por qué el fracaso no es la clave del éxito

El fracaso cotiza al alza. El discurso exitoso sobre el fracaso nos dice que hay que fracasar primero para poder conseguir después nuestros objetivos.

Roberto Molina

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Desde los espacios de producción simbólica más autorizados nos bombardean cotidianamente diciendo que fracasar es algo bueno y que constituye una oportunidad, ya que de ahí surgen lecciones de vida que no obtendríamos de otro modo. Escuchamos por todas partes que la clave del éxito es el fracaso y que tocar fondo es necesario para alcanzar el cielo del éxito. Pero como Aristóteles decía del ser, el fracaso se dice de muchas maneras.

David y Luis

Hagamos un ejercicio comparativo imaginario. Pensemos en David, que estudia Administración y Dirección de Empresas y ha creado unastart-up. Vive en un barrio repleto de colegios privados, con una tasa de abandono escolar del 4 % y la renta de su familia es 150.000 euros anuales (US$165.000).

Supongamos que la innovadora empresa de David no funciona y pierde todo el dinero invertido. Una ocasión propicia para decir, como la tan popular cita de Beckett: «Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor».

Pensemos ahora en Luis, que vive en un barrio en el que sólo hay colegios públicos con recursos insuficientes, con una tasa de abandono escolar del 45 %. La renta de su familia es de 15.000 euros anuales (US$16.500). A Luis, que lleva encadenando trabajos precarios varios años, no le renuevan el contrato temporal en la empresa de reparto en la que lleva unos meses.

Es la tercera vez que le ocurre algo parecido y ha estado más tiempo en el paro que trabajando. ¿Sigue siendo propicia la ocasión para citar a Beckett?

Fracasamos solos

El discurso exitoso sobre el fracaso considera el fracaso desde una perspectiva individual. Se dice que quien fracasa al menos lo ha intentado, y que quien lo ha intentado ya ha logrado algo. El intento ya es de por sí meritorio, un éxito en algún sentido.

Pero siempre es un individuo quien lo intenta y quien fracasa. Basta con teclear «fracaso» en cualquier banco de imágenes para percatarse de que el fracaso es el del individuo. Quien fracasa es alguien en su soledad.

Ahora bien, esta retórica del fracaso olvida las circunstancias sociales y sociológicas desde donde se fracasa. Los «posibles» de David y de Luis son muy diferentes. Probablemente Luis jamás esté en condiciones de fundar una start-up.

No tiene el capital económico, cultural y social de la familia de David. No tiene el dinero, ni los conocimientos sobre el funcionamiento de una empresa, ni la «familiaridad» y el «saber tratar» adecuado con el que seducir a eventuales inversores. Sus «posibles» son muy diferentes. Sus fracasos, también.

Cambiar la retórica del fracaso

Fracasar se dice de muchas maneras, pero quizá necesitemos mayúsculas más grandes para que quede grabado a fuego que el discurso del fracaso motivacional funciona… siempre que se pueda fracasar.

A la postre, todo es una cuestión de posibles. Tener la capacidad de fracasar una, dos o tres veces y seguir perteneciendo al mismo y exitoso grupo social de referencia, eso sí es un éxito, a pesar de que se camufle tras la máscara de la retórica del fracaso.

Pierre Bourdieu, en su descripción de las clases económicamente dominantes, dice que para ellos es el dinero heredado lo que les garantiza la libertad respecto al dinero. Del mismo modo podemos decir que en los partidarios del fracaso retórico es el éxito (heredado) lo que les garantiza la libertad respecto del fracaso real. Por eso pueden fracasar, e incluso fracasar mejor.

Lo más peligroso de este discurso es que con el happy failure (fracaso feliz) se invisibilizan las razones del fracaso de los verdaderos perdedores de la sociedad, de los colectivos estigmatizados que no pueden permitirse la retórica del #fracasamejor.

Colectivos que por cuestiones de género, raza, clase o condición sexual viven de antemano en una situación marginal, «fracasada» en algún sentido y lejos de esos «posibles» o de esas formas del capital económico, cultural o social.

Colectivos a quienes la retórica del fracaso mantiene en el fracaso material en el que están y les condena a reproducirlo, pues se nos dice que quien no ha tenido éxito es porque no lo ha querido con las fuerzas necesarias, porque no ha fracasado lo suficiente.

Como se ve, la retórica del fracaso no solamente pretende explicar las desigualdades, sino que además las justifica en el orden simbólico: el verdadero fracasado sería quien no ha querido lo suficiente, no quien difícilmente podía.

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