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BBC: Qué países del mundo consumen más carne

Roberto Molina

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En los últimos tiempos un número cada vez mayor de personas se hicieron el propósito de reducir su consumo de carne, o incluso eliminarlo por completo.

El cambio a una dieta con menos carne puede ser un intento de ser más saludables, de reducir el impacto que generamos en el medio ambiente o bien de respetar el bienestar animal.

Esta tendencia se debe en parte a iniciativas como los lunes sin carne y el veganuary (mantener una dieta vegana durante todo el mes de enero).

Al mismo tiempo, varios documentales y destacados defensores del veganismo han destacado los beneficios potenciales que tiene comer menos carne.

Pero, ¿cuáles son realmente los efectos que ha tenido este nuevo estilo de vida en el consumo de carne?

El aumento de consumo de carne en los últimos 50 años

La producción de carne hoy es casi cinco veces más alta que a principios de la década de los 60: de 70 millones de toneladas a más de 330 millones de toneladas en 2017.

Gráfico producción de carne.

Una de las razones de este aumento es que hay muchas más personas que alimentar.

Durante ese período, la población mundial se duplicó. A principios de los 60 éramos alrededor de 3.000 millones de personas y hoy en día hay somos más de 7.600 millones.

Pero hay otros factores que explican el aumento de la producción de carne. Y uno de ellos es el incremento de los ingresos.

Y es que los ingresos promedios se han más que triplicado en medio siglo.

Cuando comparamos el consumo de carne en diferentes países, vemos que, por lo general, cuanto más ricos somos, más carne comemos.

Así, no solo hay más personas en el mundo sino que también hay más personas que pueden permitirse el lujo de comer carne.

¿Quién come más carne?

Como decíamos, se evidencia un vínculo claro con la riqueza cuando observamos patrones de consumo de carne en todo el mundo.

En 2013, el último año con datos disponibles de la FAO y de Our World in Data, cuatro países encabezaron la lista de consumo de carne en el mundo. Y uno de ellos es latinoamericano.

Se trata de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Argentina.

Los cuatro países superaron los 100 kg de carne por persona y año, el equivalente a unos 50 pollos o a media vaca cada uno.

Gráfico países que comen más carne.

En Occidente, se come mucha carne: la mayoría de los países de Europa occidental consumen entre 80 y 90 kilogramos de carne por persona y año.

En el otro extremo del espectro, muchos de los países más pobres del mundo comen muy poca.

El promedio en Etiopia es de 7 kg, en Ruanda de 8 kg y en Nigeria de 9 kg. Diez veces menos que el promedio europeo.

Así, la carne sigue siendo un lujo en los países con bajos ingresos.

Estas cifras representan la cantidad de carne por cabeza disponible para el consumo.

En realidad, se come un poco menos de carne de lo que dicen las cifras, pero sigue siendo una estimación cercana.

Los países con ingresos medios impulsan la demanda de carne

No hay duda de que los países más ricos comen mucha carne y los que tienen ingresos bajos comen poca.

Así ha sido durante 50 años o más. Entonces, ¿por qué colectivamente comemos mucha más carne?

Esto se debe, en gran parte, a un creciente grupo de países de ingresos medios.

Países como China y Brasil experimentaron un crecimiento económico significativo en las últimas décadas, y también un gran aumento en el consumo de carne.

Gráfico consumo de carne por países

En cambio, en Kenia el consumo de carne cambió poco desde 1960.

En contraste, el promedio de carne que se comía en China en los 60 era de 5 kg al año. A fines de los 80, la cifra había aumentado a 20 kg, y en las últimas décadas se ha triplicado a más de 60 kg.

Lo mismo sucedió en Brasil, donde el consumo de carne casi se duplicó desde los 90, y superó a casi todos los países occidentales en el proceso.

Pero en medio de esta tendencia hay una notable excepción: India.

Si bien los ingresos promedio se triplicaron desde 1990, no pasó lo mismo con el consumo de carne.

Según una encuesta nacional, dos tercios de los indios comen al menos algo de carne. Esto desmentiría la extendida creencia de que la mayoría de los habitantes de India son vegetarianos.

No obstante, la cantidad de carne que se consume en la India sigue siendo poca. Con menos de 4 kg por persona, es la más baja del mundo. Es probable que esto se deba en parte a factores culturales como no comer ciertos tipos de carne por razones religiosas.

¿Está cayendo el consumo de carne en Occidente?

Mucha gente en Europa y América del Norte asegura que trata de reducir el consumo de carne. Pero, ¿está funcionando?

Según las estadísticas, no.

Unos datos recientes del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos sugieren que el consumo de carne por cabeza en realidad aumentó en los últimos años.

Aunque pensemos que la carne se está volviendo menos popular, el consumo en EE.UU. en 2018 estuvo cerca de su nivel más alto en décadas.

Y algo similar pasa con el consumo de carne en la Unión Europea.

Gráfico consumo de carne en Estados Unidos.

Si bien el consumo de carne en Occidente es constante o aumenta ligeramente, sí están cambiando los tipos de carne que se consumen más.

Se consume menos carne roja (carne de res y cerdo) y más aves de corral.

Esta sustitución podría ser una buena noticia para la salud y también para el medio ambiente.

El impacto de la carne

En algunas circunstancias, comer carne puede ser beneficioso.

Una cantidad moderada de carne y de productos lácteos puede mejorar la salud de las personas, particularmente en países de bajos ingresos donde las dietas pueden carecer de variedad.

Pero, en muchos países, el consumo de carne va más allá de los beneficios nutricionales básicos. Hasta el punto de que podría ser un riesgo para la salud.

Varios estudios relacionaron el consumo excesivo de carne roja y procesada con un mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y ciertos tipos de cáncer.

Así, sustituir la carne o el cerdo por el pollo podría ser un paso positivo (también para el medio ambiente).

En comparación con el pollo, la carne de res tiene entre 3 y 10 veces más impacto en el uso de la tierra, el agua y las emisiones de gases de efecto invernadero. El cerdo está a medio camino.

Por lo que cuentan las cifras, se requerirían muchos cambios para aspirar a un futuro en el que el consumo de carne sea sostenible y equilibrado en todos los países.

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BBC: Cómo tu aire acondicionado podría ayudar a salvar el planeta

Gracias a la «solución rápida» ambiental encontrada por el abogado Durwood Zaelke, el mundo podría haberse ahorrado un calentamiento adicional de medio grado celsius.

Roberto Molina

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El abogado ambientalista es el impulsor de una enmienda clave, poco conocida, a la que algunos han llegado a llamar «el acuerdo internacional más exitoso de la historia».

En una entrevista conducida por la periodista de la BBC Hannah Long-Higgins en el marco de la serie Climate Defenders, que realza la batalla de líderes contra el calentamiento global, Zaelke habla de la solución que él mismo encontró para ayudar a combatir el cambio climático.

Según este abogado, hay que darle prioridad a la rapidez de acción. Y su idea para acelerar las cosas es tu aire acondicionado.

«Podemos evitarnos hasta medio grado celsius de calentamiento«, dice, al mismo tiempo que explica que esa cifra se podría duplicar haciendo que los aires acondicionados sean aún más eficientes.

Hace tres años, el abogado logró con su plan persuadir a 197 países para que adoptaran un tratado climático en Kigali, Ruanda.

La llamada enmienda de Kigali quiere reducir gradualmente la utilización de hidrofluorocarburos (HFC), compuestos orgánicos que contienen átomos de flúor e hidrógeno y que son muy utilizados en aires acondicionados y refrigerantes.

Los HFC son considerados gases de efecto invernadero y le causan daño a la capa de ozono.

Mil millones de unidades más en una década

A medida que nuestro planeta se calienta, se necesitarán más aires acondicionados, refrigeradores y otros sistemas de enfriamiento, lo que aumentará la demanda de electricidad.

Se estima que cerca de mil millones de unidades de aire acondicionado adicionales sean instaladas en todo el mundo en los próximos 10 años.

Y para Durwood Zaelke, el reemplazo de componentes HFC por otros más amigables con el medio ambiente podría ayudarnos a reducir la subida de las temperaturas.

El abogado admite que puede que la cifra de medio grado parezca insignificante, pero recalca: «Ya hemos calentado nuestro planeta un grado hasta el momento». Y agrega que las consecuencias han sido «muy malas».

En esta lucha, la enmienda de Kigali es esencial porque exige que un nuevo tipo de refrigerante recientemente desarrollado y respetuoso con el medio ambiente sea instalado en las unidades de aire acondicionado de muchas fábricas alrededor del mundo.

Una reducción de 141 millones de toneladas métricas de CO2

Honeywell Advanced Materials es una de las empresas que fabrica esta nueva gama de refrigerantes.

Su presidente, George Koutsattes, afirma que la adopción de estos productos por una parte del mercado ya ha logrado reducir la cantidad de emisiones de dióxido de carbono en 141 millones de toneladas métricas.

«Es el equivalente de sacar 30 millones de carros de circulación», destaca.

A pesar de que la enmienda de Kigali no ha sido ratificada por el gobierno de Estados Unidos, muchas industrias en este país la están implementando.

«Si no nos apuramos, se nos va a hacer cada vez más difícil proteger nuestro planeta», insiste Zaelke.

Una razón muy personal

Para este hombre, al combatir el cambio climático no se resuelve solamente un problema sino otros relacionados con la pobreza y la paz mundial.

Sin embargo, la batalla contra el tiempo de Zaelke es mucho más personal.

«Mi casa de playa en Carolina del Sur es donde tuve mi primera cita con mi esposa y hacia el final del día ya estaba enamorado».

Su plan actual es detener el aumento del nivel del mar antes de que se hunda su casa.

«El plan b es dejar que el mar llegue y se la lleve porque no puedo venderla», confiesa.

Pero puede que el abogado haya encontrado una solución que lo ayudará a conservar su casa y los recuerdos que viven en ella.

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BBC: Por qué el fracaso no es la clave del éxito

El fracaso cotiza al alza. El discurso exitoso sobre el fracaso nos dice que hay que fracasar primero para poder conseguir después nuestros objetivos.

Roberto Molina

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EC

Desde los espacios de producción simbólica más autorizados nos bombardean cotidianamente diciendo que fracasar es algo bueno y que constituye una oportunidad, ya que de ahí surgen lecciones de vida que no obtendríamos de otro modo. Escuchamos por todas partes que la clave del éxito es el fracaso y que tocar fondo es necesario para alcanzar el cielo del éxito. Pero como Aristóteles decía del ser, el fracaso se dice de muchas maneras.

David y Luis

Hagamos un ejercicio comparativo imaginario. Pensemos en David, que estudia Administración y Dirección de Empresas y ha creado unastart-up. Vive en un barrio repleto de colegios privados, con una tasa de abandono escolar del 4 % y la renta de su familia es 150.000 euros anuales (US$165.000).

Supongamos que la innovadora empresa de David no funciona y pierde todo el dinero invertido. Una ocasión propicia para decir, como la tan popular cita de Beckett: «Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor».

Pensemos ahora en Luis, que vive en un barrio en el que sólo hay colegios públicos con recursos insuficientes, con una tasa de abandono escolar del 45 %. La renta de su familia es de 15.000 euros anuales (US$16.500). A Luis, que lleva encadenando trabajos precarios varios años, no le renuevan el contrato temporal en la empresa de reparto en la que lleva unos meses.

Es la tercera vez que le ocurre algo parecido y ha estado más tiempo en el paro que trabajando. ¿Sigue siendo propicia la ocasión para citar a Beckett?

Fracasamos solos

El discurso exitoso sobre el fracaso considera el fracaso desde una perspectiva individual. Se dice que quien fracasa al menos lo ha intentado, y que quien lo ha intentado ya ha logrado algo. El intento ya es de por sí meritorio, un éxito en algún sentido.

Pero siempre es un individuo quien lo intenta y quien fracasa. Basta con teclear «fracaso» en cualquier banco de imágenes para percatarse de que el fracaso es el del individuo. Quien fracasa es alguien en su soledad.

Ahora bien, esta retórica del fracaso olvida las circunstancias sociales y sociológicas desde donde se fracasa. Los «posibles» de David y de Luis son muy diferentes. Probablemente Luis jamás esté en condiciones de fundar una start-up.

No tiene el capital económico, cultural y social de la familia de David. No tiene el dinero, ni los conocimientos sobre el funcionamiento de una empresa, ni la «familiaridad» y el «saber tratar» adecuado con el que seducir a eventuales inversores. Sus «posibles» son muy diferentes. Sus fracasos, también.

Cambiar la retórica del fracaso

Fracasar se dice de muchas maneras, pero quizá necesitemos mayúsculas más grandes para que quede grabado a fuego que el discurso del fracaso motivacional funciona… siempre que se pueda fracasar.

A la postre, todo es una cuestión de posibles. Tener la capacidad de fracasar una, dos o tres veces y seguir perteneciendo al mismo y exitoso grupo social de referencia, eso sí es un éxito, a pesar de que se camufle tras la máscara de la retórica del fracaso.

Pierre Bourdieu, en su descripción de las clases económicamente dominantes, dice que para ellos es el dinero heredado lo que les garantiza la libertad respecto al dinero. Del mismo modo podemos decir que en los partidarios del fracaso retórico es el éxito (heredado) lo que les garantiza la libertad respecto del fracaso real. Por eso pueden fracasar, e incluso fracasar mejor.

Lo más peligroso de este discurso es que con el happy failure (fracaso feliz) se invisibilizan las razones del fracaso de los verdaderos perdedores de la sociedad, de los colectivos estigmatizados que no pueden permitirse la retórica del #fracasamejor.

Colectivos que por cuestiones de género, raza, clase o condición sexual viven de antemano en una situación marginal, «fracasada» en algún sentido y lejos de esos «posibles» o de esas formas del capital económico, cultural o social.

Colectivos a quienes la retórica del fracaso mantiene en el fracaso material en el que están y les condena a reproducirlo, pues se nos dice que quien no ha tenido éxito es porque no lo ha querido con las fuerzas necesarias, porque no ha fracasado lo suficiente.

Como se ve, la retórica del fracaso no solamente pretende explicar las desigualdades, sino que además las justifica en el orden simbólico: el verdadero fracasado sería quien no ha querido lo suficiente, no quien difícilmente podía.

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BBC: Las graves consecuencias del estallido social para la economía en Chile

En poco más de un mes, Chile parece haber dejado atrás su imagen de la «gran estrella latinoamericana».

Roberto Molina

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DW

La ola de manifestaciones pacíficas y violentas que llevaron a este país sudamericano a enfrentar la mayor crisis social en las últimas tres décadas, ha dejado desastrosas consecuencias en su «milagrosa» economía.

El jueves 14 de noviembre, antes de que se anunciara el acuerdo político para crear una nueva Constitución, el dólar en Chile marcó un récord y superó la barrera de los 800 pesos, el valor más alto en la historia del país.

Esto significó un alza cercana al 12% desde que comenzaron las protestas a mediados de octubre.

Desde entonces, la moneda ha experimentado altos y bajos, pero siempre manteniendo un valor muy por encima de lo acostumbrado, lo que afecta principalmente a las importaciones de bienes de primera necesidad (como el petróleo) y, por lo tanto, al precio final de muchísimas cosas.

«Esto tiene un impacto directo en la economía ya que se encarecerá el precio de muchos bienes de consumo importados», le dice a BBC Mundo Diego Mora, ejecutivo senior de la consultora XTB.

Los manifestantes, que no marchan con banderas de partidos políticos, tienen una larga y variada lista de demandas sociales que incluyen desde un aumento de las pensiones y del salario mínimo, hasta cambios profundos en los sistemas de salud y educación.

A la luz de los últimos acontecimientos en ciudades como Santiago o Valparaíso —donde han continuado incesantemente las protestas—, ninguna de las medidas anunciadas por el gobierno de Sebastián Piñera para hacer frente a la crisis parece calmar la furia de la calle.

En este escenario de incertidumbre, la economía es una de las más afectadas. Y, además del dólar, hay otros números que mantienen en alerta a las autoridades económicas chilenas.

Uno de ellos, es el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).

Al respecto, tanto el ministerio de Hacienda como el Banco Central han recortado el rango de sus expectativas.

Para 2019, el gobierno señaló que habrá una disminución del crecimiento del PIB de entre 2,4%-2,9% hasta un 1,8%-2,2%, mientras que para 2020 se corrigió la estimación desde un aumento del 3-3,5% a uno entre 2%-2,5%.

El Banco Central, en tanto, publicó la Encuesta de Expectativas Económicas (un sondeo mensual que se realiza a un grupo de expertos) con resultados poco alentadores y en concordancia con las proyecciones del ministerio de Hacienda.

Antes del estallido social, el organismo que vela por la estabilidad de la moneda había hecho una estimación de crecimiento del PIB para 2019 de 2,5%, mientras que ahora solo llegó a 1,9%.

Pérdida de empleo

El bajo crecimiento, en tanto, puede traer consecuencias devastadoras para el empleo, siendo este uno de los factores que más preocupa a las autoridades chilenas.

La paralización del comercio, de los servicios, del turismo y de todo lo que tenga que ver con la «entretención» —como el rubro gastronómico—, ha supuesto un golpe económico inesperado para pequeñas y medianas empresas que no tienen una gran suma de dinero para financiarse en momentos de crisis.

El país, dicen algunos, está literalmente funcionando «a medias».

Muchas empresas han comenzado a despedir a parte de sus empleados y hoy se teme que se podrían perder hasta 300.000 empleos para fines de año.

Incluso, el presidente de la Asociación de Emprendedores de Latinoamérica, Juan Pablo Swett, ha dicho que, si las protestas no se detienen, podrían estar en juego hasta 500.000 puestos de trabajo.

Frente a este panorama, el fantasma de la recesión económica empieza a ganar terreno entre los analistas.

Diego Mora asegura que, en efecto, «hay nerviosismo ante una posible recesión económica». El analista financiero agrega que, si se cumplen dos trimestres consecutivos de caída del PIB, en marzo el país podría entrar al terreno recesivo.

Una idea que ni el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, ha descartado.

«No quiero engañarlos, atravesamos un momento económico delicado, la actividad económica ha tenido un frenazo constatable (…). Aquí no hay que ser doctor en economía para entenderlo: cuando un país opera a media máquina, uno no puede esperar que la producción, las ventas, los salarios, los ingresos operen con normalidad», dijo Briones el jueves 14 de noviembre.

Paralización económica

En conversación con BBC Mundo, José De Gregorio, profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Chile, asegura que el país sudamericano está viviendo una fuerte paralización económica.

«La economía chilena está en una situación extremadamente compleja, tenemos una paralización bastante masiva de la actividad. La violencia en las calles no solo ha afectado a grandes empresas, a supermercados, sino que también a toda la cadena que circula entorno a ello. Y eso está significando una caída en el empleo muy importante», explica.

En ese sentido, el también expresidente del Banco Central y exministro de Economía agrega que no es descartable que Chile llegue a sus niveles de desempleo más altos desde la década del 80, alcanzando los dos dígitos (hoy está entorno al 7%).

«La fuerte caída de la actividad económica sumada a una recuperación lenta nos pone en un escenario muy complicado, en el cual podemos terminar en alguna recesión y podríamos pasar un año completo con crecimiento negativo», explica.

A esto hay que agregar la sombra de incertidumbre que se ha instalado desde el estallido de la crisis, lo que puede traer severas consecuencias en la inversión extranjera y doméstica.

Según un reporte realizado por el centro de estudios Clapes, ligado a la Universidad Católica de Chile, el nivel de incertidumbre económica llegó a su segundo mayor registro histórico (220 puntos), lo que significa un aumento del 94% en comparación con el mismo mes el año pasado.

«La incertidumbre hace que la gente espere, que la gente deje de hacer lo que quería hacer. Y eso paraliza muchos proyectos», afirma De Gregorio.

Así, como un efecto dominó, los distintos factores de la economía del llamado «oasis» de Latinoamérica parecen estar fracturándose.

Y, hasta que las protestas no se detengan, no comenzará su lenta recuperación.

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