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BBC Mundo: Las enfermedades que viajan con la corriente de El Niño

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Ocurre cada dos a siete años, cuando las aguas cálidas de la región central del océano Pacífico se expanden hacia el este, acercándose a las costas de Sudamérica.

El Niño suele llegar a su momento más álgido a finales de año, pero los efectos de este fenómeno meteorológico pueden sentirse hasta los 12 meses siguientes.

La Organización Meteorológica Mundial dijo que el próximo podría ser el peor en más de 60 años, y, según la NASA, sentiremos sus efectos en todo el mundo.

Pero las consecuencias van más allá de las –ya de por sí preocupantes– sequías, océanos crecidos y altas temperaturas.

Con los problemas medioambientales vienen también epidemias y enfermedades.

Y, según las últimas investigaciones, éstas viajan a través del agua, en forma de bacterias marinas que pueden suponer un grave peligro para la población.

Según una investigación de científicos británicos y estadounidenses, publicada recientemente por la revista científica Nature Microbiology, El Niño podría contribuir a la transmisión y propagación de enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera, «con importantes consecuencias para la salud pública».

Los expertos descubrieron que la llegada de ciertas infecciones y enfermedades bacterianas coincidió, en el tiempo y en el espacio, con el fenómeno climatológico.

Trabajando conjuntamente con el Instituto Nacional de Salud (INS) de Perú, los científicos observaron cómo algunas enfermedades causadas por bacterias marinas coincidían con la llegada de El Niño a la costa de América Latina.

«El Niño puede convertirse en un pasillo temporal comunicando Asia con América«, dijo Martínez-Urtaza, explicando cómo las bacterias podrían viajar de un continente a otro, a través de los océanos.

«Desde el punto de vista biológico, esto abriría una ventana a la entrada de variantes genéticas de distancias enormes».

Según la investigación –en la que también participaron expertos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), y de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA)– en las tres últimas décadas surgieron nuevas variantes de patógenos en Latinoamérica, coincidiendo con los tres episodios más significativos de El Niño (1990–91, 1997–98 y 2010).

Y esto incluye un devastador brote de cólera que se produjo en Perú en 1990 y que causó más de 13.000 muertes.

Otros casos llamativos se produjeron en 1997 y 2010, cuando dos variantes de una bacteria ‘Vibrio parahaemolyticus’ provocaron infecciones causadas por el consumo de marisco contaminado.

Y precisamente en Perú, el marisco crudo o ceviche es un alimento altamente consumido por los habitantes de la costa.

Según Martínez-Urtaza, «los vibriospueden adherirse a organismos más grandes, como el zooplancton, para viajar a través de los océanos«.

«Varios estudios demostraron cómo los vibrios utilizan estos organismos como fuente de energía y, a través de este mecanismo, son capaces de portar enfermedades, impulsados por las corrientes oceánicas«, explicó.

«Los efectos de El Niño y su impacto en el clima local, la pesca y el riesgo de otros fenómenos meteorológicos más extremos ya están bien documentados», dijo Martínez-Urtaza.

«Entender cómo las corrientes oceánicas están jugando también un papel fundamental en el transporte de estas enfermedades tiene un importante significado para las campañas de salud pública de esos países«, agregó.

Además, Craig Baker-Austinfrom, del Laboratorio del Centro para el Medio Ambiente, la Pesca y la Acuicultura de Weymouth (Reino Unido), y coautor del estudio, dice que El Niño podría suponer «un corredor biológico, que permita el desplazamiento de organismos marinos desde áreas lejanas«.

Este proceso, según el cientifico, «podría proporcionar una fuente única de nuevos patógenos en América, con serias implicaciones en cuanto a la propagación y el control de la enfermedad».

Para Martínez-Urtaza, la solución más inmediata pasa por mantener el nivel de alerta e invertir más en investigación, algo que, asegura, no se hace lo suficiente en países como Perú.

«Hay que evaluar el impacto de esas bacterias y tomar muestras para analizarlas y detectar variantes. El impacto a nivel biológico podría ser enorme», advirtió.

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